
En nuestra tierra, se usa el dicho que habla de que hay más sobre algo, así es el tema de caminar en la plenitud que HaShem, el Altísimo Dios de Israel, desea para quienes somos sus hijos. Tanto de los que son descendencia de Israel, como quienes que hemos sido adoptados gracias al sacrificio del Cordero Santo, Yeshúa HaMashiaj.
El mundo en el cual vivimos fomenta una formación mental que anima a la codicia. Este valor es favorecido principalmente por los anuncios comerciales que se emiten a través de los diversos medios de comunicación, ya sea digitales, electrónicos, en papel, etc. Hay un altísimo porcentaje de mensajes de este tipo.
A las nuevas generaciones se les crea la necesidad, incluso al punto de negarse a sí mismo, de parecerse a otro, con ello desear lo que ese otro tiene. Es así que quieren ser como ellos, vestirse como ellos, hablar como ellos, vivir como ellos, imitan sus gestos y ademanes, etc. Los comerciales animan a desear una marca determinada de ropa para ser bien visto, consumir ciertas bebidas, etc.
Hay diversidad de valores fomentados por la cultura de la sociedad actual que llevan a eso que se llama codicia. El deseo excesivo por lo que no se tiene está de fondo.
Este valor va en contra de los valores que el Eterno desea sean propios en quienes somos ciudadanos del Reino -por lo que aquel se convierte en un contravalor-. En nosotros desea generosidad, bondad, buena dádiva, contentamiento, amor al otro, y algo de suma importancia, el saber agradecer lo que se tiene, de ello la importancia de estar contento con lo que el Proveedor Celestial ha brindado.
En la Instrucción que Él nos brinda para que vivamos bien y nos vaya bien deja ver la cuestión de la bondad en el dar y la humildad en el agradecimiento. En la porción toral de Jayé Sará (La vida de Sara, esposa de Abraham) aparecen dos casos en los que nos enseña el Eterno los valores del dar y el agradecer.
Ribká mostró la cualidad de bondad cuando dio de beber, hasta satisfacer, a los diez camellos que llevaba el enviado de Abraham. Ello fue la señal que el Eterno enviaba a Eliézer para elegirla como la inminente esposa de Itzjak, hijo de Abraham.
Eliézer fue a hacer lo que correspondía al protocolo de esa época para pedir una doncella en matrimonio. Acudió ante la familia de Ribká, pidió le fuera concedida para Itzjak. He aquí el pasaje:
51He aquí a Ribká delante de ti; tómala y vete, y que sea mujer del hijo de tu señor, como habló el Eterno. 52Y sucedió que cuando el siervo de Abraham escuchó las palabras de ellos, se postró en tierra ante el Eterno(Bereshit 24:51, 52).
“Se postró en tierra ante el Eterno”, un gesto de absoluta humildad, y específicamente de agradecimiento.
Tanto el dar, acto de bondad altamente valorado por el Eterno; así como el agradecimiento, dieron a uno y a otro personaje una condición de vida sumamente bonancible. Ribká se convirtió en esposa de Itzjak, y, años más adelante, madre de quien sería Israel, quien inicialmente se llamó Yaakob. Eliézer, según dice el Midrash Bereshit, entró a casa de Abraham como simple esclavo y se convirtió en siervo de tal importancia al punto de ser el enviado para ser el encargado de buscar y pedir la mano de Ribká.
El Eterno bendice no sólo al que obedece, sino también al que es dador alegre y también al que tiene un corazón agradecido. Así que hay que hacer lej lejá, dejar tus creencias que tienen el fundamento la cultura del mundo, y asumir las que te bendicen y favorecen caminar en plenitud, las creencias que aplican en el Reino del Eterno.
Mis hermanos, y la mata aún tiene más que dar, así que… y sigue la mata dando.
Talmid: Lucino Javier García Pesina.
¡Únete a la revolución de la emuná (fe)!
Escríbenos tus comentarios al siguiente correo: havaministerios@havasinagoga.com