
“Cuando Yaacob terminó de encomendar a sus hijos, recogió sus pies en el lecho; expiró y fue reunido con su gente”(Bereshit -Génesis- 44:33)
La familia de nuestro Patriarca Yaacob no estaba afectada por las cosas del mundo. Él se dedicó a preparar a su familia para su destino espiritual los últimos 17 años; aunque ellos se encontraban en Egipto, lograron mantener un dominio espiritual al margen del entorno de contaminación de ese imperio impío.
Por otro lado, nuestros padres nos enseñaron y formaron una idea de cultura y forma de vida en nosotros que la vida es nacer, crecer, desarrollarse en el ámbito familiar, laboral, social, envejecer y morir, pero eso es algo limitado pues la vida espiritual va más allá que esas enseñanzas adquiridas. Si pidiéramos un deseo a Hashem ¿Cuál pediríamos? que nos otorgue salud, finanzas, una vida resulta, que nos alargue la vida, tener una buena vejez; esas enseñanzas que adquirimos a lo largo de nuestra vida nos lleva en la actualidad atribuir nosotros mismos mayor importancia al bienestar de este mundo pues es lo que nos han trasmitido nuestros padres; olvidándonos así del mundo venidero (olam haba). Sin embargo, nuestros Patriarcas tuvieron una posición diferente a respecto de cómo vivir y acerca de las cosas que son prioritarias en la vida pues siempre fueron conscientes de que el objetivo de su existencia es el mundo venidero (olam haba), ellos pidieron todo lo que hiciera prosperar el bienestar espiritualmente y rechazaron todo deterioro, daño o perjuicio del bienestar del alma (neshamá).
Nuestra conciencia Divina es mucho menor comparada con la de ellos, sin embargo heredamos algo de su capacidad para elevarnos por encima de las limitaciones de este mundo al cumplir con la misión divina descrita en la Torá. Podemos y debemos de comenzar a construir nuestras vidas en lo espiritual con la visión enfocada en el mundo venidero.
El alma nunca muere, la vida no termina en el sepulcro y el trabajo que hacemos aquí en este mundo continuará viviendo mucho después de la partida de cada uno de nosotros y más si hay una continuidad, si nuestros hijos imitan nuestras acciones entonces nosotros como padres viviremos a través de ellos.
Debemos de trabajar como Yaacob, tener ese espíritu combatiente, ese espíritu de lucha, ese espíritu que está en constante guerra para permanecer en gracia delante de nuestro Creador; tener una vida equilibrada a base de mucho esfuerzo espiritual y de mucho trabajo sobre nosotros mismos, para estas bien delante del Eterno y que nuestro linaje, nuestra descendencia sean temerosos de Hashem, sean obedientes y que caminen alineados a la voluntad del Padre y que siempre declaren el Shemá Israel aceptando por convicción propia que El Dios de Israel siempre será nuestro Elohim, su Elohim.
Cuando los hijos de Yaacob continuaban fieles a su tradición eso no era solo un tributo a la memoria de Yaacob sino el regalo de la vida Eterna de parte de él, su espíritu vive en nosotros, el trabajo de su vida continua prosperando mientras que su alma vive en el otro mundo.
Reflexionemos en estas palabras y retornemos sincera y completamente al Eterno para buena vida y para herencia de vida. Para lograrlo, tenemos que morir para vivir una nueva vida pues quien está muerto es porque vive lejos de la presencia de Eterno en su vida.
Talmidá: Martha Patricia García Pérez.
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