NO TODO LO QUE PIDAS EN ORACIÓN LLEGARÁ.

Devarim (Deuteronomio) 30:1-30

Moshé fue y habló estas palabras a todo Israel. Y les dijo: En este día tengo 120 años de edad; no podré ya salir, ni entrar, porque el Eterno me ha dicho; no cruzarás éste Yarden (Jordán)….Y continua dando recomendaciones al pueblo de Israel, así como ánimo, igualmente a Yehoshúa (Josué), su sucesor.

Moshé había liderado a ese pueblo durante 40 años en el desierto, pasó por situaciones muy duras con ellos, debido a la terquedad de esa generación, se enfrentó a pruebas difíciles en innumerables ocasiones, tuvo que interceder por ellos ante el Eterno, siempre lo hizo de manera magistral, para que el Creador los perdonara ante múltiples errores que cometieron debido a que aún permanecían en esclavitud de la mente y del corazón. Moshé incluso se había separado de su esposa Tziporá, para que no hubiera nada que lo separara de su servicio al Eterno. El deseaba verdaderamente cruzar el Yarden (Jordán) y entrar a la tierra prometida a sus ancestros, esa era la razón de todo su esfuerzo y antes de que eso ocurra, es informado por el Eterno que no cruzara ese río y que iba a morir.

Moshé insistió muchas veces a Hashem para que le permitiera entrar, hasta que le dijo que no tocara más ese tema. A pesar de ello Moshé no se enojó, no reclamó, no le recordó a Hashem todo el servicio que le prestó, el continuó motivando y animando a ese pueblo y a quien sería su sucesor. El confiaba en su Creador y sabía que si el Eterno así lo decidía, eso era lo mejor. Moshé no entró físicamente a Canaán, pero sí pudo subir al monte Nebo y observar desde allí la tierra prometida y pudo visualizar lo que ocurriría ahí en el futuro, de esta forma el Eterno le concedió lo que pedía.

Ponte por un momento en el lugar de Moshé, su finalidad y la de sus hermanos Aarón y Miriam, era servir al Eterno ayudando a ese pueblo a dirigirse a Canaán, ninguno de los 3 entró.

Moshé nunca había pedido nada para él, siempre intercedía por el pueblo.

De lo que te he expuesto con anterioridad hay que aprender que no todo lo que pidamos en oración, nos será concedido, sobre todo si no sabemos pedir como conviene, si no hemos hecho de su voluntad (Tora) la nuestra, porque cuando nos hemos alineado al Creador, conocemos su voluntad y la hacemos nuestra,  pedimos dirección en lo que deseamos, en lo que queremos recuperar, ponemos a su consideración nuestros deseos, agradecemos de antemano y seguimos avanzando, caminando, desarrollándonos.

Tenemos que tener claro que lo que nos ocurre hoy y nos genera sufrimiento y aflicción, es derivado de:

1.-Nuestros errores, malas decisiones del pasado, cosas que debemos corregir en nuestra vida.

2.-Lecciones que debemos aprender y correcciones que debemos hacer a nuestro carácter, actitudes, etc.

3.-Herencias generacionales de nuestros ancestros, que debemos romper.

Todo ello puede ser pasajero o se puede quedar hasta el último día de nuestra vida, ¿de qué depende? De las decisiones que tome a partir de hoy, de mi determinación de cambiar, de acercarme al Creador, de mejorarme, de elevarme, de corregirme, de desarrollarme y seguir creciendo; pero aun así pudiera haber consecuencias de mis actos pasados que me acompañaran por el resto de mi vida, debo aceptarlo, perdonarme a mí misma, debo procurar cumplir la mitzvá (mandamiento) de tener gozo en todo momento. Esto a pesar de que resulte contradictorio con Lucas 1:37 Nada es imposible para Dios. No es que lo que te ocurre sea imposible para EL, simplemente no está en su plan para ti, no es su voluntad. O lo dicho en Marcos 9:23 Para el que cree, todo es posible. Hay ocasiones que no es por falta de emuná (fe), insisto es que no es su voluntad.

Por ello es mejor que pongas todo a su consideración, a veces tus caminos no son los de EL, ni tus pensamientos, sus pensamientos Isaías 55:8-9.

Arrepiéntete, corrígete, mejórate, ten unidad con EL, para que ya no vengan más juicios que traigan aflicción y sufrimiento a tu vida, que las pruebas que lleguen sean únicamente para llevarte a otro nivel de emuná (fe).

Shalom.

 

Talmida: Bertha Alicia Manautou Galván

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