LOS MERITOS MATERIALIZAN BENDICIONES.

En esta ocasión compartiremos una reflexión sobre la porción de lectura (parashá)  con la que culmina toda la Torá: Vezot Haberajá que comprende los capítulos 33 y 34 del sefer (libro) Devarim (Deuteronomio).

Vetzot Haberajá significa “y esta es la bendición”, hemos visto a lo largo de los 5 libros que comprende la Torá como Dios mostró al hombre la importancia de bendecir y el beneficio de ser bendecido; por lo cual esta parashá dedica gran parte de su contenido a enumerar las bendiciones que Moshé impartió sobre las 12 tribus de Israel momentos antes de subir al Monte Nevó en donde moriría.

En la parashá Ekev (consecuencia) del libro Devarim se nos dice: “Y (como) consecuencia de que escuchen estos mandamientos, los guarden y los lleven a cabo, el Eterno tú Dios guardara para ti el pacto y la bondad que Él juró a tus ancestros. Él te amará, te bendecirá y multiplicará, bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra; tu grano, tu vino y tu aceite…” (7:12)

Los sabios de la Torá nos enseñan que en este versículo  el Eterno establece un sistema para otorgar bendiciones por medio del cumplimiento de los mandamientos (mitzvot), es decir, hay un mecanismo para acceder a materializar los derechos que tenemos los hijos de Dios que pertenecemos al Reino, ya que el Eterno nos da Su Torá fundamentalmente para que la forma de conducir nuestra vida caída cambie a una forma distinta de dirigirla: la espiritual, poniendo nuestros ojos en lo invisible. Solamente seres integrales de luz que conocen al Eterno y Su Palabra son los beneficiados con este sistema meritorio para materializar bendiciones.

Los méritos que generamos al cumplir los mandamientos  es uno de los 4 elementos que el Eterno ha establecido para obtener o materializar bendiciones, esto nos habla de que debemos de ser obedientes a la Voluntad del Eterno. Por lo tanto tiene que morir esa parte de nosotros en la que el yetzer hará (inclinación al mal) quede dominada completamente por la parte espiritual de nosotros, no la intelectual.

Ahora nos preguntaremos ¿Por qué  los Hijos de Israel merecieron ser bendecidos por Moshé?

La parashá Vezot Haberajá inicia con las palabras: “Y esta es la bendición, con la que Moshé, hombre de Dios, bendijo a los Hijos de Israel antes de su muerte.” (33:1)

Rashí (sabio de la Torá) nos dice que Moshé en vez de comenzar directamente con las bendiciones a las tribus, inicia exaltando a Dios, esto se debe a que primero hay que bendecir y agradecer a Dios antes de pedir por las necesidades propias. Pero a la vez esta exaltación hecha a Dios por Moshé muestra  los méritos de Israel en su relación con Él.

Los Hijos de Israel merecieron ser bendecidos por los méritos de los patriarcas Abraham, Itzajk y Yaacob, así como por los méritos de las cabezas de las 12 tribus.

La bendición de Moshé siguió el patrón de las bendiciones que Yaacob impartió sobre sus hijos (cabezas de las tribus): inició su bendición con la palabra “esta” (zot), de dirigió a cada tribu de manera individual y les hizo saber la misión que cada una tendría, y termina   comunicándoles el  rol y la contribución específica asignada a cada una por el Eterno para llegar a ser la Nación identificada como el Pueblo elegido por Dios: Israel.

En esta enseñanza nos enfocaremos en la bendición dada a Yosef (José) ya que el nivel espiritual al que logró elevarse le permitió dominar el yetzer hará (inclinación al mal), y como sus méritos (cumplimiento de los mitzvot) fueron heredados por su descendencia (tribus de Efraím y Manashé) cientos de años después de su muerte, lo cual se ve reflejado en cada una de las bendiciones que Moshé les dirigió:

“Y de Yosef dijo: bendita por el Eterno es su tierra, con la delicia de los cielos, con rocío y con el abismo que yace debajo; y con la delicia de la cosecha del sol, y con la delicia del rendimiento de lunas; y con el principio de las montañas primordiales, y con la delicia de las colinas perpetuas; y con la delicia de la tierra y su plenitud, y la complacencia de Aquél que residió en la zarza. Que venga sobre la cabeza de Yosef, y sobre el cráneo del apartado de sus hermanos.”(33:13-16)

El Midrash nos dice: Moshé bendijo la parte de Yosef y ésta redituó mucho más beneficio que cualquier otra parte de la Tierra de Israel. Yosef se merecía esta bendición por negarse a ceder ante los argumentos de la esposa de Potifar. Cuando Adam pecó al hacerle caso a su mujer, la tierra fue maldecida por su culpa. Debido a que Yosef hizo caso omiso de la esposa de Potifar, su parte fue especialmente bendecida.

Estas bendiciones reflejan el principio “Midá Kenégued midá” (medida por medida) que muestra la manera en la que Hashem se comporta con nosotros según nuestros actos (buenos o malos) para retribuirnos conforme a éstos. Como se vio en la parashá Vayeshev,  Yosef logró el gran mérito de dominar el yetzer hará (inclinación al mal) en medio de una sociedad caída (Egipto), mostró siempre Temor a Dios y  se mantuvo fiel al cumplimiento de sus mitzvot, estos méritos le permitieron materializar este nivel de bendiciones que sus descendientes heredaron.

La “tierra fértil” de la parte de Yosef, se refiere a las cualidades de alto crecimiento espiritual que la persona (el hombre fue hecho de la tierra) puede alcanzar por medio de apegarse a Su Creador comprimiendo sus mitzvot, tal como lo hizo Yosef.

La vida de Yosef es una referencia para que detenidamente evaluemos el nivel de transformación de nuestra vida (nuestra tierra), de una vida carnal a una espiritual. Así como medir el grado de compromiso que tenemos con el Eterno cuando cumplimos sus mitzvot. Recordemos que el mejorarnos cada día conforme al sistema meritorio establecido por Hashem en Su Torá nos trae como consecuencia generar méritos que permiten obtener bendiciones, las cuales serán herencia para nuestra descendencia y linaje.

“¿Quién es sabio? El que prevé las consecuencias” – Talmud, Tamid 32a

 

Talmida: María de los Angeles Salazar Chávez

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