MOMENTOS DE ENVIDIA

Por la Torá sabemos que las matriarcas Sarah, Ribká y Rajel eran muy hermosas, pero estériles; en cambio Leah era fértil y con un aspecto menos bello, pues tenía ojos débiles. Leah fue obligada por su padre a ser esposa de Yaakov, aunque para nadie era un secreto que él amaba a Rajel. Un midrash nos cuenta cómo Rajel tuvo compasión de su hermana mayor y queriendo evitar que fuera humillada en su noche de bodas, le compartió unas “señas” que le permitieran no ser descubierta de inmediato, pues era un código  acordado entre  ella y Yaakov. No tardó mucho en relucir la verdad,  y sucedió que Leah era odiada; ¿Quién la odiaba: Yaakov, Rajel, o tal vez ambos? Luego “Yahweh abrió el vientre de Leah y dejó que Rajel permaneciera estéril”. No le cerró el vientre, solo permitió que continuara cerrado. Entonces Leah tuvo 4 hijos. “Cuando Rajel vió que ella no estaba dando hijos a Yaakov, envidió a su hermana”, claramente miró lo que tenía su hermana, al compararse vió que le faltaba lo que tenía Leah. La envidia se define como el “pesar” o tristeza por no poseer el bien de otra persona. Cuando te falta algo, ¿qué haces para conseguirlo? ¿A quién lo pides?

Rajel tenía juventud, belleza, y el amor de su esposo; pero deseaba tener hijos. Ella conocía la profecía que precisaba 12 hijos para Yaakov y quería contribuir en este linaje escogido por el Eterno. Así que actuó confiando en sus propios recursos:

  1. pidió a Yaakov que le diera hijos ~ en lugar de pedirlo a Hashem.
  2. entregó su esclava Bilah a Yaakov, cediéndole oportunidades de ser madre.
  3. provocó que Leah siguiera su ejemplo, dando a Yaakov a su esclava Zilpah.
  4. cedió a Leah un tiempo con Yaakov, a cambio de mandrágoras, un remedio para la infertilidad. Ahí concibió Leah un hijo, y tiempo después dos hijos más.

Rajel con sus fuerzas no logró alcanzar su objetivo. Y sucedió que cuando Leah estaba  embarazada del séptimo hijo, se olvidó de la envidia que sentía por Rajel, la amada de Yaakov, y le tuvo compasión; así que pidió a Hashem que Rajel no contribuyera con un solo hijo (menos que las sirvientas) y como resultado, Hashem cambió el género de su bebé, quien fue Dina.  Las esposas de Yaakov se pusieron de acuerdo y pidieron a Hashem que le diera hijos a Rajel. Hashem aprueba la bondad entre sus hijos, y escuchó la oración de Rajel; ella concibió y dio a luz a Yosef, un hijo excepcional, y después a Benyamim.

A veces el Eterno no contesta pronto la oración de los justos, porque desea que le recen a Él. Mientras esperas la respuesta a tu oración, realiza actos de bondad y fe.

Reflexionemos: Si todo le pertenece a Elohim, solo a Él debemos pedir. Atrévete a pedir lo que te falta, y deja de envidiar a otros. Pide a Hashem, no dudando nada, pues es Poderoso para hacer milagros y favores para nosotros. El Eterno premia la bondad y la humildad entre hermanos.

 

Talmida: Graciela González Cavazos

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