
¿Queremos una vida buena y agradable que podamos transmitir a nuestros hijos y linaje?
En la parashá Veyejí que significa “y vivió” se cierra el sefer Bereshit y se nos dan perlas de sabiduría de como la persona puede vivir feliz y agradecida con Su Creador hasta el final de sus días. En esta porción de estudio se habla acerca de los últimos momentos de vida de Yaacob, por lo cual en ella está plasmada las bendiciones que da a sus nietos Efraím y Manashé así como a sus hijos, lo que nos muestra un principio de vida en el ser humano, su interés en el futuro del linaje que dejara ante la inminente partida de este mundo.
La parashá inicia de la siguiente manera:
47:28 Yaacob vivid en la tierra de Mitzraym diecisiete años. Y los días de Yaacob -los años de su vida- fueron ciento cuarenta y siete años.
Los sabios nos dicen que, al mencionar la suma total de sus días, es una manera de informar que aquí concluye el relato de su vida. Como sabemos los relatos en la Torá no necesariamente está en orden cronológico, por lo cual continúa narrando lo acontecido justo antes de su muerte, entre estos hechos esta la última conversación con sus hijos en la cual les imparte su bendición, mostrando así su preocupación por el futuro de ellos y su linaje.
Yaacob fue un tzadikim (justo) que vivió una vida buena y agradable al margen de las dificultades, desafíos, problemas, pero también en las discusiones, sufrimientos, frustraciones y algunas dificultades que arrastro que lo llevaron a vivir varios años de aflicción; a pesar de esto el balance general de su vida fue bueno. Yaacob debió sentirse complacido consigo mismo, con lo que hizo ya que se ocupó dar buen testimonio, de luchar y hacer las cosas bien, por vivir bien, se esforzó por darle buena vida a sus hijos y cumplir con su familia.
Al mencionar los 17 años que vivió Yaacob en Mitzraym lugar que representa la esclavitud, la atadura, el encadenamiento de la vida de una persona que no tiene opciones, la Torá lo llama “Casa de esclavitud”, Hashem nos dice que es posible que el hombre viva en libertad en un lugar, casa o tierra de esclavitud, como lo hizo Yaacob los últimos años de su vida en Goshen en tierra de Mitzraym, gracias a que mantuvo su santidad logrando vivir piadosamente y temeroso de Hashem apartado de toda la inmundicia de Mitzraym y prosperando junto a su familia; lo que le llevó en los últimos años a vivir una vida buena y agradable, y a la vez agradecido con Su Creador por todas las bondades que hizo con él y su linaje.
Así, Yaacob nos muestra que la preocupación de los padres por el futuro de sus hijos es genuina, y es un asunto en el que debemos ocuparnos siempre, en todo tiempo desde pequeños hasta que sean adultos (el Eterno nos lo permita) debemos ocuparnos de que ellos sigan la senda de la rectitud.
Tristemente hoy en día vemos como las familias que aún mantiene la estructura diseñada por Hahsem, pero sobre todo a los hogares en los cuales falta la figura paterna o/y materna enfrentan graves y lamentables situaciones con sus hijos y linaje como nietos, al no haber un testimonio de vida que les sea de referente para llevar una vida recta, por lo tanto, buena y agradable, vemos padres enterrando a hijos de edades muy jóvenes, hijos perdidos en vicios, hijos indolentes que abusan de sus padres llegando hasta despojarlos de su patrimonio, hijos privando de la vida a padres o abuelos, lo más grave sin saber cómo solucionar las graves situaciones que enfrentan con la forma de vida de sus hijos y/o nietos; es terrible el mitzraym que se está viviendo en esta generación en la cual los valores éticos y morales se están degradando a gran velocidad creando sociedades en caos debido a la falta de familias sólidas o padres con testimonio de vida que sea digno referente para sus hijos.
Pueblo del Eterno, es tiempo de ser celosos del futuro de nuestros hijos y trabajar para que nuestra vida sea testimonio de que el vivir con temor a Hashem apartándonos de los estilos de vida que impulsa el mundo y haciendo Su voluntad revelada en la Torá nos permite vivir en libertad y alejados de las plagas que atacan a la sociedad, a la vez que los proyectamos a ellos y a todo nuestro linaje a una buena vida.
Hagamos conciencia acerca del testimonio que estamos transmitiendo a nuestro linaje, de bendición o de maldición, Hashem nos ha dado el poder de decidir qué vida queremos para nosotros y transmitir a nuestros hijos y nietos. Así como Yaacob un hombre justo deseo que viviera su linaje como él vivió, así debemos desear que nuestros hijos vivan como nosotros, quienes estamos en el camino de la corrección para apegarnos a nuestro Padre Celestial.
Hashem nos dice: recuerda que hacer Mi Voluntad (revelada en la Torá) lleva a una persona libre a conservar su libertad, ya sea viviendo en tierra de libertad o viviendo en tierra de esclavitud (Mitzraym), ya que únicamente de esta manera la persona logrará alejar la insatisfacción y transmitir a su descendencia el agradecimiento a Su Creador por la oportunidad que le ha dado de mejorar su vida y ser gratos a Él.
Pensemos que final deseamos construir en esta pequeña frase “y vivió…” cuando se hable acerca del testimonio de nuestra vida y de la herencia espiritual (ética y moral) que estamos construyendo y transmitiendo a nuestro linaje. Esforcémonos por transmitir una herencia de libertad conforme a la Libertad que Hashem nos ofrece en Su Torá.
Los sabios nos dicen: “la única persona realmente libre es aquella que estudia la Torá”; ya que sin ella la persona vive en el vacío, en confusión y en oscuridad esclavizado por sus pasiones y siendo arrastrada por sus deseos carnales y emociones desequilibradas llevándola a vivir una vida insatisfecha e infeliz.
Talmida: María de los Ángeles Salazar Chávez
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