BUSCA EL REINO Y TE SOPRENDERAS.

 

Cierto día un Rey Salomón se dirigía hacia el reino de Sabá en Africa del norte. E rey viajaba con todo sus fieles y con su poderosa guardía real. Acercándose a la frontera del Sur de Judá, estaba una pequeña comarca con un avanzado grado de pobreza. El Rey estaba cansado de viajar a lo que el profeta Natan le propuso que descanzara a lo que el Rey dijo: «¿Dónde podré descanzar si en este lugar tan austero no hay ninguna posada?» El profeta Natan le dijo: «Sabio Rey debe estar cansado para pensar con claridad pero le daré un consejo: la casa que usted vea que hay luz interior, lleguemos a esa y pidamos posada.» A lo que el Rey accedió. Entre toda la comarca, apenas había una sola choza con luz pues para tener una vela se requería dinero y esa casita apesar de su escacés tenía para comprar una vela y mantener luz por la noche. Al llegar el Rey a esa casa, tocó y al abrirle cual fue su sorpresa que vio a la familia de cinco integrantes: dos niñas y un niño y el matrimonio leyendo un rollo de bereshit. Exclamo con sorpresa, vive el Dios de Israel que estoy delante suyo que esta familia es rica y prospera. Les pregunta: «Puede permanecer el Rey esta noche en su hogar? A lo que el padre de familia haciendo al debida reverencia dijo: «Por supuesto Rey mio, usted,  el profecta y su corte pueden quedarse en nuestro hogar el tiempo que deseen.» Al ver el Rey que no había suficiente comida, ni cama, ni todas las comodidades a las que estaba acostumbrado, ordenó a su guardia que bajara su cama, parte de los alimentos del viaje y los dieran a la familia para que Él pudiera residir cómodo dentro de ese hogar. De inmediato ese hogar se vio inundado de ricos y suculentos alimentos, de una cama real, la presencia del Rey y alegria para todos, además de que el Rey regaló más velas para que hubiera más luz. El profeta Natán coincidiendo con el Rey dijo: «Distinguido Rey, ¿No es conveniente que esta familia le sea compensada generosamente su hospitalidad? No se diga que la pobreza en su reino tan próspero haya alguien con pobreza.» A lo que el Rey replicó: «En mi reino no hay pobreza hay incredulidad, pero esta familia me ha recibido, tendrán su paga.»

Al día siguiente el Rey se despide y deja el pago por la posada: nada más y nada menos que una caja repleta de monedas de oro que aseguraba el bien estar de la familia por varios años de manera abundante.

 

La luz que tenía esa familia era para leer la toráh. Esa luz atrajo al Rey y junto con ella vino la prosperidad y la alegría. Busquemos primero el Reino y lo demás vendrá por añadidura.

 

Quien tenga ojos que vea, quien tenga oidos, que escuche, quien tenga entendimiento, tema al Eterno.

 

Bendecida semana. Shavuatov.

 

Rab. Fernando Isaac.

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