
¿Sabes? Lo que estás viviendo en este momento no es casualidad, ni es obra de la vida, y si es adverso, la culpa no la tiene Dios, quien crees, quizá, que no te escucha. Si es en situación de bienestar, magnífico; si es en situación de aflicción, hay algo que hacer para salir de ello, y con consecuencias muy buenas.
El Eterno nos muestra Su voluntad en ambas caras de la moneda: en lo bueno, y también en lo adverso. Es una creencia necesaria para evitar que el sufrimiento no rinda frutos. Esto es emuná. Esto es fe plena e irrestricta.
En la historia de Yosef, y en otras más, hallamos una referencia clara a la manera en que el Eterno obra en nuestras vidas. En ella puede verse como él incurrió en trasgresión a la voluntad del Eterno, principalmente con su lengua. Veía a sus hermanos hacer algo, y él lo interpretaba como reprobatorio e iba con su padre, Yaakob, a notificarle.
Fue así como señaló a sus hermanos como trasgresores del mandamiento de no comer carne de un animal mientras estuviera vivo; igualmente veía a sus hermanos entablar tratos comerciales con las mujeres cananitas casadas, e iba a su padre y decía que estaban incurriendo en promiscuidad sexual; y, una tercera: cuando escuchaba a sus hermanos decir a los hijos de Bilhá y Zilpá que eran hijos de las siervas, pensaba que les estaban llamando esclavos. Si bien la intención de Yosef era que sus hermanos fueran corregidos y caminarán conforme la Instrucción del Eterno, su percepción e interpretación de los hechos estaba tergiversada.
Ello le valió que él fuera dado por muerto y como prueba de ello sus hermanos presentaron la túnica que traía puesta, el día que lo aventaron al pozo, mojada con sangre de un chivo. Otra consecuencia fue el que lo vendieron como esclavo al punto que finalmente fue a parar a Egipto siendo adquirido por Potifar. Y la tercera consecuencia, por la habladuría de promiscuidad sexual, fue el asedio de la esposa de Potifar, lo que derivó finalmente en su encarcelamiento por un lapso de 12 años.
Sin embargo, todas esas aflicciones –ganadas a pulso por él– tenían un propósito: prepararlo para cumplir una misión de suma importancia: sustentar a su pueblo, y cumplir el papel que le correspondía en la fundación del pueblo de Israel.
Y para ello, el Eterno lo constituyó en el segundo al mando del pueblo egipcio, después de faraón. Fue así que generó riqueza inmensa para sí, y su descendencia.
¿Qué podemos aprender de esto? Ahora si te darás cuenta la razón de tus aflicciones: sus causas y las consecuencias favorables. El Eterno anhela en Su corazón amoroso darte bendición abundante. Desea darte para que cumplas tu propósito, así como Yosef, en tu estancia terrenal. Pero también, de la abundancia de la bendición que te otorgue, tomes para vivir bien. Para que vivas la plenitud gradual por la cual quiere que transites hasta el final de tus días.
Pero hay un detalle, tienes que corregir lo que causó la aflicción que vives. Así hizo Yosef, y ello le valió como consecuencia la prominencia como virrey de Egipto en los muchos años al final de su vida. ¡¡¡A corregir se ha dicho!!! Te espera la plenitud.
Talmid: Lucino Javier García Pesina
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