
La segunda parashat del libro Bereshit (Génesis) lleva el nombre de un varón que vivió en esa generación y del cual se dice:
6:9-11 “Estas son las generaciones de Noaj: Noaj era un varón justo, íntegro en su generación; con Dios marchó Noaj. Noaj engendró 3 hijos: Shem, Jam y Yéfet. Pero la tierra se había corrompido delante de Dios, y la tierra se había llenado de extorsión.”
A Nóaj y a su esposa, de la cual no es mencionado su nombre en la Torá les tocó educar a sus hijos en medio de una sociedad en tremenda decadencia por la comisión de actos de corrupción sexual y de idolatría principalmente; el Talmud (Sanedrín 57a) nos dice que el mundo estaba inmerso en los celos, la avaricia, el robo, la violencia, la mentira, la intolerancia, el engaño y el fraude; los grandes comentaristas como Rashi e Ibn Ezra explicaron: las personas se explotaban sexualmente entre sí.
A tal punto había llegado la inmoralidad y rebeldía ante el Creador que éste decide exterminar toda vida sobre la faz de la tierra. Dios informa a Noaj de su plan y le ordena construir un arca “teivá” en la cual se resguardaron él y su familia, así como una gran cantidad de especies animales según le instruyó el Creador.
La palabra hebrea para arca es “teivá”, que significa “palabra”, ya que como una moneda de dos caras la Palabra tiene dos efectos en la vida del hombre, Dios esperaba que Noáj usara la Palabra para reconstruir su vida al momento de salir del arca y a la vez usara ese mismo poder de la Palabra para influenciar en la vida de sus hijos y en general en las vidas de las nuevas generaciones que emergerían de sus tres hijos Shem, Jam y Yéfet después del diluvio (mabúl).; Bereshit 9:19 Estos tres fueron los hijos de Nóaj; y de éstos se dispersó toda la tierra.
Lamentablemente Nóaj no llevó a cabo un trabajo integral en sí mismo y dejó oculta una gran debilidad que se manifestó al salir del arca, ni tampoco se menciona un papel relevante de la esposa de Nóaj en la edificación de su hogar. La Torá nos dice lo que sucedió cuando Noaj salió del arca al término del diluvio:
Bereshit 9:20 » Y Nóaj, el amo de la tierra , comenzó y plantó un viñedo y se embriagó; y se descubrió dentro de su tienda”. 9:24-25 Nóaj despertó de su embriaguez, y supo lo que le había hecho su hijo menor (Jam). Y dijo: “Maldito es Kenáan; siervo de siervos será para sus hermanos.”
¿Qué consecuencias traería este hecho en la vida de Nóaj y en su hijo Jam y por consecuencia en la descendencia de este último?
Al parecer Nóaj ya no realizó nada relevante en cuanto al servicio que prestaba al Eterno, ya que después de este lamentable suceso bendice al Eterno y le reconoce como el Dios de Shem y emite palabras de maldición para Kenáan hijo de Jam quien deshonró a su padre. Enseguida nos que Nóaj murió.
Lo acontecido a Nóaj evidencia que consideró el problema del gusto por el alcohol como un problema menor y no previó que se enseñorearía de él en un momento de debilidad al ver la tierra desolada al salir del arca. Ese problema menor es representado por su “hijo menor” quien llevó consigo las costumbres y pensamientos de la sociedad que fue exterminada con el diluvio “mabúl”, paralelismo de esa área de la vida de Nóaj sin transaccionar, sin ponerla delante del Eterno para con ayuda divina lograr dominarla.
A la vez debemos de preguntarnos ¿cómo contribuyó la esposa de Nóaj en la formación de sus hijos, que el menor se desvió del propósito de vida que el Creador tenía para él? Las madres compartimos con el varón la responsabilidad de edificar a nuestros hijos conforme a la Palabra de Hashem, y debemos tomar muy enserio esa responsabilidad en estos tiempos en donde nos acercamos cada día más a la situación que prevalecía en la generación de Nóaj.
Lo acontecido en la vida de Nóaj es un referente para que quienes tenemos la bendición de ser padres reflexionemos profundamente en cómo estamos llevando nuestra transición en el arca “téiva”, es decir cómo estamos llevando a la práctica la Palabra de la Torá que se nos brinda en cada enseñanza de nuestro Roeh y como la estamos transmitiendo a nuestra descendencia, y a la vez a las personas con las que nos relacionamos.
No subestimemos como Nóaj un problema que consideramos menor, la influencia y adoctrinamiento del mundo caído, de la sociedad en la cual nos ha dado vida nuestro Creador y estemos velando por nuestra descendencia para que al igual que Shem sean bendecidos y libres en una generación de personas que no desea nada con Su Creador, esclavizadas en el pecado y la inmoralidad. Seamos perseverantes y escrupulosos en nuestra elevación espiritual que eso dará buen testimonio como Hijos del Dios de Israel, lo cual nos permitirá ser influencia en los demás.
Cada uno de nosotros desea construir un arca “teivá” de acuerdo con los estándares que el Eterno marca en Su Torá, es decir la mejor vida posible para nosotros, nuestros hijos y para toda nuestra familia. Pero también estamos llamados por el Eterno para usar el poder de las Palabras que están en Su Torá para salir e influenciar en los demás motivándoles con nuestro testimonio y de nuestra familia.
Nuestra generación está enfrentado el impacto de un gran avance en la tecnología y de su influencia en la vida de las personas; las formas de vida son cada vez más aceleradas trayendo en las personas confusión y afán por lograr cosas materiales, desviándose del propósito de vida: conocer y acercarnos a nuestro Creador, así como acercar a otras personas a su Creador. Que el estilo de vida de la Torá de Hashem nos lleve a elevarnos moralmente, hagamos continuamente un balance de nuestra vida para detectar a tiempo las debilidades que necesitamos dominar para para que el pecado no se enseñoree de nosotros y evitar descender de la presencia de Hashem.
Debemos tener presente lo que el Talmud nos dice: «De acuerdo al esfuerzo así es la paga», así de acuerdo con nuestro esfuerzo por morir a nosotros, a nuestros anhelos a nuestra carnalidad, será la paga y será doble: en este mundo con una vida en shalom y prosperidad y en el mundo por venir la vida eterna para nosotros y para nuestra descendencia.
Reflexionemos: Como sucedió con Noaj, el sembrador; así pasa en la vida del hombre que se dedica a sembrar la tierra (su persona): al trabajar la tierra, la transforma en una tierra fértil y sembrando la buena semilla (Palabras de Torá) pasado el tiempo empezará a dar frutos (poner en práctica la Palabra aprendida y comprendida) hasta llegar a producir abundantes frutos de gran calidad (hijos); de los cuales se alimentarán primero su esposa e hijos (de las conductas desarrolladas por los miembros de la familia). Con el paso del tiempo su producción alcanzará para compartir y vender con sus familiares y miembros de la comunidad (nuestras acciones traerán bendición o maldición); hasta llegar a comercializar sus frutos con las comunidades vecinas (la influencia del estilo de vida elevado o caído poco a poco va impactando más en la sociedad). De esta manera sus hijos se incorporarán al trabajo de su padre y trabajaran sus propias tierras produciendo excelentes cosechas de las cuales se beneficiará comunidades rurales llegando hasta grandes ciudades. De esto aprendemos que el buen trabajo del padre y de la madre producirá” hijos formados en la ética moral que Hashem nos revela en la Torá que serán influencia positiva y a través de los cuales se materializaran bendiciones aún para aquellos que están lejos de su Creador. Las sociedades pueden y deben ser inspiradas por nuestro testimonio para desear el buen pan, el buen vino y aceite, la Palabra del Eterno revelada en Su Torá, para elevarse al estándar de vida que tiene para sus Hijos.
Talmida: María de los Angeles Salazar Chávez.
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