APRENDAMOS DE LA VIDA DE MOSHE

Moshé ascendió de las llanuras de Moab al Monte Nebó…Y ahí murió Moshé, siervo del Eterno, en la tierra de Moab, por la boca del Eterno… y Moshé tenía 120 años de edad cuando murió; su ojo no se había opacado, ni se le había ido su lozanía.

Sabemos que la madre de Moshé, Jocabed ocultó su embarazo por temor al Faraón, ya que éste había ordenado que mataran a los niños varones al nacer, cuando Moshé nace fue escondido y cuando ya no fue posible continuar con esa situación su madre lo colocó en una canasta que previamente había calafateado y arrojó al río, con el niño adentro y fue rescatado por la hija del Faraón, de nombre Batyah, quien lo crió en el palacio, teniendo así una educación de primer nivel, con una cultura y una religión ajenas a él. Fue privado de su cultura y de su pueblo, él pertenecía a la tribu de Levi y era el menor de 3 hermanos, de los que fue separado, así como de sus padres. Sin embargo, el nunca perdió su esencia judía, ya que una injusticia que vio contra un integrante de su pueblo verdadero lo llevó a asesinar a un capataz egipcio, observando ahí el sufrimiento de los judíos en manos de los egipcios. Ese asesinato lo obligó a huir de Egipto y perder los privilegios que tenía y pasar a ser un perseguido, así llegó al desierto, específicamente a Midiam, a empezar de cero, ahí conoció a la que sería su esposa Tzifora y a su suegro Yitró, para quien trabajó 40 años cuidando su ganado.

Al tener Moshé 80 años se le presenta el Eterno en el desierto y le pide hablar con el Faraón para que deje salir al pueblo hebreo y así guiarlos en el desierto, él se rehusaba al principio, hasta que no tuvo opción y aceptó, abandonando nuevamente el confort y la tranquilidad que tenía en Midiam, tuvo que dejar esposa e hijos para embarcarse en una odisea llena de desafíos, dificultades, problemas, sufrimientos y muchas decepciones. A pesar de todo ello era usado por Hashem para liberar a su pueblo, para glorificarse y así los condujo por 40 años en el desierto, para lo cual tuvo que adquirir una gran madurez.

Estuvo Moshé sus primeros 40 años de vida en el palacio del Faraón con lujos y confort, los siguientes 40 años trabajando para su suegro, criando ganado, desperdiciando sus dones, el conocimiento adquirido en Egipto, pasando desapercibido con una vida gris, dejando que su vida transcurriera sin un propósito, sin metas, ni objetivos, a la sombra de su suegro, lejos de su tierra y cultura. Sus últimos 40 años los pasó en el desierto liderando a un pueblo terco, para lo cual tuvo que desarrollarse, poner a trabajar dones y talentos, para sacar adelante su misión y lo logró tan bien que dijo el Eterno de él: que desde ese tiempo no se ha levantado en Israel un profeta como Moshé, a quien Yhwh conoció cara a cara.

Su vida y su obra fueron excepcionales. Se le asignó una responsabilidad muy grande que lo obligó a estar en un constante crecimiento. Moshé tuvo un cambio diametral en los últimos 40 años de su vida comparados con los 40 años anteriores.

La vida de Moshé no fue nada fácil, como seguramente la tuya tampoco, ni la mía. Aquí venimos a aprender, a enfrentar, a resolver y/o a corregir cosas que seguramente en otro momento no lo hicimos o lo hicimos mal.

De la vida de Moshé debo aprender que voy a pasar a lo largo de mi vida por situaciones en las que tendré que crecer, madurar y para ello es necesario que asuma compromisos, que me prepare adecuadamente para que cuando tenga que enfrentar desafíos, batallas; pueda tener paz, calma y estabilidad que me permitan pasar de un estado a otro mejor, para arreglar mi vida y de ser posible la de los míos, para lo cual requiero prepararme tanto secularmente como espiritualmente, desarrollar mi emuná (fe) y dejar a un lado el temor, miedo e incertidumbre, dejar la comodidad y enfrentar lo desconocido.

No debo olvidar que todo tiene un tiempo (Eclesiastés 3:1-8): nacer, morir, plantar, segar, matar, sanar, edificar, derrumbar, llorar, reír, danzar, lamentarse, abrazar, abstenerse, etc.

Para los que somos padres de familia no debemos perder de vista que es nuestro deber ayudar a nuestros hijos a entender la importancia de la preparación secular y espiritual, a fin de estar preparados para las situaciones que vengan. Es nuestra responsabilidad lo que hagamos por su educación.

Quien estudia Torá es revestido de poder para salir adelante, para crecer, pues Hashem desea que seamos personas exitosas, nos dio todo para hacerlo, si no ponemos a trabajar todo lo que nos obsequió, estamos desperdiciando nuestra vida. Esfuérzate para que en la profesión, oficio o rol que desempeñes, seas el mejor de acuerdo a tus capacidades.

Las tareas simples no se consideran un logro. Medimos los logros de acuerdo con la dificultad, vidas llenas de dificultades y de desafíos. Aunque la mayoría preferimos tener una vida fácil, sabemos que la grandeza es el resultado de superar las dificultades. Las situaciones que se te presenten, si las ves como problemas las enfrentas con amargura, rechazo o depresión y te sientes víctima, en cambio si vemos las dificultades como desafíos tendremos la fuerza, el ánimo y el potencial para enfrentarlos y nos convertimos en triunfadores.

Era necesario vivir todo lo que viví, pasar por todo lo que pasé, para ser lo que soy hoy.

 

Talmida: Bertha Alicia Manautou Galvá

¡Únete a la revolución de la emuná (fe)!

Escríbenos tus comentarios al siguiente correo: havaministerios@havasinagoga.com

Scroll al inicio