
El hombre cuando nace no solo se desarrolla física, emocional y académicamente, sino que también tiene una parte la cual también al igual que las demás crece y se desarrolla al igual que las demás y a esta se le da menos importancia e incluso algunas personas la tienen por poco e incluso la ignoran, se trata de la naturaleza espiritual. El hombre debe entender que somos seres espirituales sin embargo le da más privilegio a lo material, a lo visible, a la carne, y le cede el control de su vida. Dentro de nuestro ser existe una esencia que habita en nuestra naturaleza, todo ser humano nace con ella y se llama yetzer Hara (mala inclinación) esta es una tendencia a lo malo el hombre se inclina más a satisfacer todos y cada uno de los deseos de la carne, es decir, malos rasgos de carácter, un, alma sometida a los deseos y de estar en ese camino el hombre crea y crece con un alejamiento y una desconexión con el Eterno. Pero también dentro de nuestro ser se encuentra el lado bueno que privilegia todo lo espiritual y te motiva a buscar la luz, la verdad, a querer seguir y conocer la voluntad de Hashem a estar en una contante lucha por mejorar tu carácter tus pensamientos tus sentimientos y tus acciones a ser posible esa transformación que tanto nos hablan y seguramente has escuchado “el nacimiento de un nuevo hombre “debemos dar origen a una nueva naturaleza conforme al espíritu, pasar de ser seres carnales a seres espirituales…esto es una decisión y una valentía.
Esta reflexión se basa en la porción de la parasha Toledot (generaciones) donde nos narra que los patriarcas Itzak y Rivka tuvieron dos mellizos Esav y Iaakov los niños se concibieron en un mismo vientre, pero eran muy diferentes el midrash dice que cuando Rivka pasaba por un lugar de idolatría Esav brincaba y lo contrario cuando su madre pasaba por una yeshiva Iaakov saltaba y era una continua guerra de lucha pues los niños peleaban en el seno materno y eso causaba dolor a su madre.
Dos linajes espirituales distintos, polos opuestos Esav la mala inclinación, el mal, el lado de la maldición, Iaakov el lado de la virtud, la luz, trabajo sobre sí mismo, bendición. Todo hombre tiene esa dualidad, teniendo una naturaleza caída, con la cual tiene que pelear, ir venciendo pues dentro de él, El eterno puso su Tora y siempre tendrá esa necesidad de hacer lo bueno pero esto es una decisión cambiar el espíritu malo por el contrario.
A la mayoría de personas no nos enseñan que tu espíritu debe crecer sano cambiar nuestros malos rasgos de carácter por virtudes, cuando nuestro cuerpo o la carne define y conduce nuestra vida somos corrompidos y puede haber consecuencias permanentes o temporales por seguir esta naturaleza por eso es la importancia de desarrollar nuestra naturaleza espiritual y corregir el presente es de suma importante para corregir nuestro pasado y de esa manera poder vivir nuestra vida con las tres partes del hombre (cuerpo, alma y espíritu) en una misma línea, disfrutando plenamente de una verdadera bendición. Y te preguntaras ¿Cómo puedo corregir esa mala naturaleza que hay en mí? Muy sencillo la Tora, bendita Palabra que nos enseña, nos corrige y nos redarguye en nuestro ser, ahí encontramos instrucción de lo que tenemos y lo que no tenemos que hacer, para que nos valla bien.
Te invito a que transformemos nuestras vidas por medio de la renovación de nuestro pensamiento y entendimiento bajo la luz de la palabra , porque si lo intentamos hacer bajo nuestras expectativas que ya vimos que están caídas, nunca lograremos avanzar hacia una vida espiritual elevada haciendo la voluntad del Eterno , debemos vivir bajo nuestra naturaleza primigenia aquella con la cual nos creó Dios a su imagen y semejanza y la perdimos por la trasgresión, una vez que peco Adán todo se corrompió hasta la creación y el hombre junto con ello y si vivimos de esta manera todo lo que el Eterno nos bendice y presta en esta vida haremos mal uso de ello y recuerda que algún día estaremos delante del Creador dando cuenta por ello entonces que mejor empezar hoy cambiando tu naturaleza caída por una espiritual.
Talmida: ISABEL VILLA NUEVA OLVERA
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