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Cuando percibimos que nuestras vidas tanto materiales como espirituales parecen fluir con cierta tersura, podemos asumir y pensar que hemos superado todos los obstáculos que se han presentado en nuestras vidas, pero no debemos quedarnos sentados, cruzados de brazos, relajados en la satisfacción de pruebas superadas.
Para poder ver la respuesta adecuada a este sentimiento, basta solo mirar el ejemplo en la Parashá ITRÓ cuando Moshé ascendió al Monte Sinaí obedeciendo al Eterno, alcanzó su máxima en lo espiritual pero tan pronto bajo, se sumergió en su realidad, la de juzgar los casos que el pueblo traía ante él.
Del mismo modo, cuando sentimos que hemos alcanzado cierta elevación en el servicio a Hasem, hay aún un mañana y como Moshé debemos elevar nuestra mirada más alto aun. Moshé estaba dedicado al servicio de Hasem, sin embargo en su devoción por su servicio había postergado algo muy valioso, recordemos que había dejado a su familia.
Y no es hasta que sale de Egipto, que Hasem pone en el corazón de Itró llevarle su familia, que no estaban en la mente y en el corazón de Moshé como prioridad. Podemos observar un cierto desequilibrio en Moshé. Es importante comprender que para el servicio a Hasem todas las áreas de nuestra vida tienen que estar desarrollándose; “Cuando tenemos a YHYH en nuestra vida, todas la áreas de nuestra vida se equilibran”.
Si el Eterno es primero en nuestra vida quiere decir que Él está en control de todos los aspectos de nuestra vida, es decir lo gobierna todo. En este sentido, en cada área de nuestra vida debemos hacer lo que Hasem quiere, su voluntad sobre la nuestra. Es así como debemos entender que el balance en nuestras vidas debe acompañarse de una perfecta organización para dirigir correctamente su servicio con el fin de agradar y ser confiable para Hasem.
Entre más compromiso tenemos en la relación con Hasem, mas necesario será organizar nuestra vida, múltiples actividades deben tener el mismo grado de control sin descuidar ninguna área de nuestra vida, pues de todas ellas se nos pedirá cuentas. Si no logramos el equilibrio en nuestras vidas no podremos desarrollar autoridad en el servicio a Hasem pues él desea otorgárnosla.
El presentar un buen servicio al Creador, llevar una vida justa, piadosa y más aun enseñar a otros; el camino de la luz verdadera requiere de trabajar en sí mismos para llevar una organización perfecta la cual se alcanza con el descanso, claridad mental y escuchar a otros, estar en constante revisión de nuestros caminos y frutos; para que la bendición del Eterno llegue y nos alcance.
Nuestro corazón debe estar dispuesto a servir, debe de influenciar fuertemente en nosotros mismos, para poder tener autoridad para enseñar. De otra manera nuestra enseñanza no tendrá autoridad mucho menos respaldo del Creador.
Y este respaldo solo lo obtendremos a la Luz de la Torá, al estudiar en ella encontraremos como reorganizar y equilibrar nuestra vida, llevando una vida piadosa, en obediencia y haciendo la voluntad de Hasem.
Necesitamos saber escuchar para mejorar cada vez más en su servicio y en nuestra relación con el Eterno, y a la vez sea el soporte para nuestro crecimiento espiritual.
Shalom.
Talmida: Omar Aguilar Reyna
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