LUCES EN LA OSCURIDAD

El hombre que vive en sociedad es fácilmente influenciado por las tendencias en ideologías, en moda e imagen, artes, deportes y cultura, etc. Puede ser que se descubra a sí mismo comprando artículos que no necesita o no le gustan, sin embargo, los ha adquirido para sentirse que está en la vanguardia. Así mismo sucede en el ámbito religioso, donde algunas personas realizan actividades que hacen felices a otros, pero ellas no encuentran el sentido o satisfacción, más bien se sienten vacíos. Eso es porque les falta el fuego de Hashem. El Eterno ordenó que los israelitas traigan al tabernáculo de reunión el aceite puro para el encendido de la menorá. Este es el primer aceite que se obtiene al machacar olivas, sin sedimentos. ¿Qué representa el aceite? Simboliza el esfuerzo que hace el hombre en su vida para destruir y anular el placer mundano, y realizar una acción pura que obedece y no transgrede la ley de Hashem. Cada vez que el hombre cumple un mandamiento está contribuyendo con su porción de aceite puro para la menorá del pueblo de Israel. Aclaro que no se trata de ser bueno, hacer caridad y ya está. Esto implica hacer los mandamientos ya estipulados por el Eterno. Es responsabilidad de cada israelita llevar aceite puro para cada día, ya que la orden es que se encienda la lámpara por las tardes y que dure su aceite hasta la mañana siguiente. La luz se requiere en las noches, en tiempo de oscuridad. En lo oscuro abunda la maldad, pero la luz infunde temor para aquellos que no quieren ser descubiertos al cometer sus delitos.

¿Y quién aporta la luz para la menorá? La luz es la torah en sí misma. Es el conocimiento divino, la instrucción del qué y cómo vivir según la voluntad de Hashem, este es el fuego que da vida y sentido a todo lo que haces. La llama en todas las velas y aceites apunta al cielo para recordarnos que debemos tener temor de Dios. Nuestros actos de imitación o religiosidad vendrían a ser como velas o aceite sin encender. El Eterno ha puesto a los kohanim (sacerdotes) como encargados de enseñar la torah, la cual, abrirá tu mente, clarificará tus pensamientos e ideas, y te mostrará el camino a seguir.

La orden es que cada día se encienda el aceite, esto es porque todos los días necesitamos acercarnos a la torah y recibir la dirección de Hashem. Diariamente el kohen toma de tu aceite y lo enciende en el lugar santo para arder delante de Elohim. El resplandor de tus buenas obras alcanza para iluminar la noche; los familiares y conocidos que te rodean distinguirán que están en oscuridad, y así desearán ir en busca de la luz divina.

Todo hombre que escucha la torah, pero no cumple las mitzvot, no tiene el fuego divino en su vida, y lamentablemente experimenta noches en oscuridad.

 

Talmida: Graciela González Cavazos

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