UN PASO MAS EN LA PLENITUD.

En el escrito anterior te hablé de caminar en la plenitud que el Dios de Israel nos ofrece en Su palabra. Hoy es necesario que empieces a conocer las condiciones fundamentales para que ese caminar sea con certidumbre.

A las generaciones que están siendo formadas en los tiempos que vivimos se les ha permitido desde pequeños, oponerse a la autoridad de los padres. La teoría psicológica anima a esa cuestión, en aras de evitar traumas en el futuro adulto. La situación ha llegado al punto en qué se habla en la bibliografía, de una u otra manera, de la tiranía que ejercen los hijos sobre los padres que se vuelven obedientes a las demandas de aquellos.

Lo que está ocurriendo es que se trastoca lenta y gradualmente la adultez de esas generaciones a causa de su desobediencia y rebeldía, lo que avizora un escenario de futuro con anarquía.

Precisamente lo contrario a ello, la obediencia, es la que hace posible un estado en el que la plenitud se vivencia cotidianamente. Ella es la condición indispensable para que se de ese estado de bienestar constante en la vida del ser humano.

Abraham, el ejemplo claro de lo que es vivir en plenitud, nos muestra que es necesario ser obediente a la Voluntad del Dios de Israel. Ello hará posible que las promesas del Eterno se hagan realidad en el creyente en forma de bendiciones.

A él se le puso en una situación que lo llevó al límite de la obediencia: sacrificar a su hijo Itzjak en el altar como ofrenda al Eterno. El Eterno de hecho sabía cuál era el grado de amor de Abraham a su hijo, le dijo: “Por favor toma a tu hijo -al único, al que amas, a Itzjak- y vete a la tierra de Moriá, y subelo allí en ofrenda de ascensión sobre una de las montañas que Yo te diré”

El Eterno puso a prueba a Abraham. Y él solamente dijo: “Heme aquí”.Detrás de esta frase de tan sólo dos palabras hay una actitud de aquel que está dispuesto a hacer la Voluntad del Eterno, con presteza para cumplirla y, además, una actitud de humildad, de sujeción, de obediencia sin cuestionar. Eso caracterizó a Abraham.

Abraham procedió conforme lo pidió el Dios al cual estaba sujeto desde que salió de Ur de los caldeos. Y cuando ya estaba por hacer el acto que consumaría el sacrificio de su hijo, fue detenido por un ángel, y finalmente el sacrificio se consumó en un carnero proveído por el Eterno.

¿Qué le valió esta actitud a Abraham? Veámoslo.

Y dijo: “Por Mí he jurado -afirmación del Eterno- que porque hiciste esto y no rehusaste a tu hijo, a tu único, ciertamente te bendeciré y multiplicaré tu descendencia…” Bereshit/Génesis 22:16, 17

¿Quieres vivir la plenitud que ofrece el Creador de todo lo que existe? Aquí tienes ya un segundo componente del secreto: El primero, cambiar nuestras creencias; ahora, la obediencia.

Cierro con esta frase que puede extraerse de lo que brevemente te he expuesto: la obediencia trae bendición.

 

Talmid: Lucino García P.

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