¿QUÉ ES LO QUE VES?

A la mayoría de las personas nos gusta recibir regalos, y en ocasiones no deleitamos al ver creativas envolturas; generalmente respondemos con algún tipo de agradecimiento cuando los recibimos, pero no siempre el regalo es de nuestro completo agrado. Como en el caso que encontramos en la Torá, en el cual, el Creador ofreció un regalo a Abraham, (gracias a su amistad, lealtad, fidelidad y confianza en Él); le prometió que le daría una gran descendencia, para formar un pueblo que pertenezca sólo al Eterno, donde las generaciones serían provistas de recursos materiales y espirituales, privilegios y responsabilidades, que les permitieran vivir en el nivel elevado que merece todo hombre que experimenta vivir en la voluntad del Creador.

No a todos los descendientes de Abraham les gustó este regalo. En el año 2108 del calendario hebreo, nacieron dos nietos de Abraham, los mellizos Esav y Yaakov; a quienes Isaac educó conforme a las enseñanzas de la Torá. Sin embargo, desde que los mellizos estaban en el vientre de Rebeca, ya peleaban el uno con el otro. Eran muy diferentes entre sí: Esav era físicamente rojizo, velludo, fue cazador, su tendencia en gustos y comportamiento lo llevaron a dedicarse al bienestar material. Yaakov por su parte, era pastor de ovejas, y se interesó más en su desarrollo espiritual. Ambos disfrutaban de la fortuna económica que el Eterno había dado a la familia. Gozaban de buena reputación delante de los pueblos que los rodeaban, ya que se sabía que el Creador estaba con ellos, los protegía, les hacía múltiples milagros, y los prosperaba en toda clase de riquezas, contrastando así con otras naciones.

El bienestar material, y cualquier tipo de placer de este mundo físico, hacen referencia a la envoltura llamativa del regalo. No obstante, sabemos que ¡la mejor parte del regalo se encuentra dentro de la envoltura. Paralelamente en el linaje de Abraham, la mejor parte de la promesa consiste en mantener una relación estrecha y fiel con el Creador del universo. Dios privilegiaba a los primogénitos quienes le realizaban ofrendas reiteradas, con el fin de acercar a sus familias a Él. Pero Esav en su visión espiritual corta, devaluó esta responsabilidad que le fue dada por ser el primer hijo varón de Isaac, y aunque respetaba a su padre, solía transgredir los mandamientos de la Torá; aunado a esto, cierto día llegó del campo abierto, ya exhausto y con hambre, y pidió a Yaakov comer del guiso rojo que cocinaba. Yaakov decidió aprovechar el momento para comprarle el derecho de la primogenitura a cambio del guisado rojo de lentejas. Para Esav fue fácil elegir: ¡Mira, estoy al morir!  ¿Qué uso tendrán para mí mis derechos de primogenitura? dijo Esav. Su vista estaba puesta en la vida terrenal, no así, en la vida eterna. ¿Por qué pudo enfocar el hambre y cansancio físico más que el privilegio de vivir sirviendo y honrando al Eterno? …Porque perdió su identidad espiritual, se identificó con un mundo caído, y por ende dejó de anhelar las cosas superiores de los cielos. A ambos mellizos se les educó cultural, intelectual, y Toralmente. Esav despreció el regalo: “comió, bebió, se levantó y siguió su camino”. Yaakov: valoró, pagó el precio, y se afirmó en el cumplimiento de la promesa.

Para reflexionar: En tus planes, esfuerzos, metas, etc. ¿Enfocas el ámbito material y/o el espiritual? ¿Ya has aceptado el regalo que el Eterno te ofrece? … y si ya lo aceptaste ¿De qué manera le manifiestas tu agradecimiento?

 

No bases tu vida en lo material, en lo finito sino en lo invisible y en lo eterno.

 

Talmidá Graciela González Cavazos.

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