LA EMUNA AFERRADA A LA TORAH.

Los sabios nos enseñan que el mundo fue construido sobre tres pilares, los cuales se relacionan directamente con los patriarcas: a Abraham se le identifica con jésed (bondad), a Itzjak con la avodá- servicio a Hashem, y a Yaakov con la Torá. La Torá fue el fundamento para tomar decisiones en la familia, para Yaakov encontrarse con Esav fue una orden directa de Hashem, le dijo: “Regresa a la tierra de tu nacimiento, y yo te haré bien”; dicha orden causaba un gran temor en él, esperando ya sea la reconciliación o la aniquilación. Lo cierto es que ya no debía postergarlo. En una tarea tan compleja, oró confesando sus sentimientos, “sálvame de mi hermano porque le tengo miedo”, y argumentó recitando la promesa que le hizo Hashem que aseguraba un buen futuro tanto para él como para su familia. Esto lo hizo avanzar con aplomo. Su emunah en el Eterno está firme, inamovible, solo
puede tener un resultado favorable. Aunque su corazón tiemble, sus pies avanzan, ya que Adonay es fiel. De él aprendemos que en medio de la dificultad, cuando las cosas se salen de nuestro control, en tiempos de debilidad o confusión, es contundente saber lo que Hashem dice acerca de nuestra situación. Ese conocimiento lo encontramos en la Torá, la misma que se nos entregó en el monte Sinaí, es efectiva y actual para nuestros días.
Deja de confiar en tus propios pensamientos, experiencias y sentimientos, y enfócate en confiar en la Torá, pues cumplir con las mitzvot (mandamientos), te hará actuar con Jésed-bondad y te conducirá a Servir a Hashem- Avodá. Tú aportarás la obediencia y valentía, el Eterno aportará el ejército de ángeles. El resultado está
garantizado.

 

Talmida: Graciela González Cavazos

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