
La sabiduría divina sobrepasa la mente limitada de todo ser humano. A partir de este concepto, la Toráh reposiciona a quien se atreve a creer y poner por obra su instrucción al empezar a estudiar esta sabiduría, como la más grande creación del Eterno Dios de Israel. En esta ocasión vamos a enfocar en cómo estamos diseñados para sentir, pensar y actuar.
Nunca es tarde para reflexionar, sobre cómo se desarrollan los procesos cerebrales en el interior del ser humano. Saber de una manera consiente y racional, cómo se generan los pensamientos. Cuáles son los factores, los estímulos y las sensaciones que detonan las conductas del ser humano y conocer que sentimientos son los causantes de generar las reacciones, las acciones, las circunstancias, las situaciones, los ambientes y contextos para vivir una vida en armonía o una vida llena de problemas sin resolver. El Eterno nos enseña a través de su Toráh que fuimos diseñados y creados a su imagen y semejanza. Sin embargo, para la mayoría de las personas parece un sueño inalcanzable vivir como fuimos diseñados, porque a lo largo de la historia de la vida de cada ser humano, esa creación pura, bendita y perfecta del Eterno encarnada en un cuerpo físico, se va deformando poco a poco hasta diluirse. Queda solo un alma que lucha diariamente por sobrevivir en un mundo lleno de mentira, obscuridad, corrupción, muerte y destrucción. Contrario a la voluntad del Eterno.
Meditar acerca de nosotros mismos y el estatus que guarda nuestra propia naturaleza, nos lleva a reconocer que tenemos que empezar un trabajo intenso de elevación espiritual y de conexión con el Creador. Empieza hoy mismo y te recomiendo estos pasos:
1.-Adquirir Sabiduría divina que solo se logra con el estudio constante y permanente de la Toráh de la mano de un maestro auténtico (los cristianos no están preparados para esto).
2.-Disponer el corazón y la voluntad absoluta para “hacer” y poner a Yhwh en primer lugar en todo.
3.- Trabajar los malos rasgos de carácter para echarlos fuera.
4.-Pedir en tu plegaria personal, la asistencia divina para adquirir un espíritu fuerte, de lucha, que esté en constante guerra contra la mala inclinación que siempre contiende contra el espíritu por la decisión que tomará el alma. Un alma débil es sometida por la carne y cede el derecho y el honor de ser bendecido. La decisión correcta, siempre será el resultado del nivel de acercamiento con el Eterno. NO HAY OTRA FORMA DE LOGRARLO. Solo a base de mucho esfuerzo espiritual, trabajar sobre sí mismo, hacia el interior de la persona y trabajando también en el entorno que se desenvuelve. Sometiendo el instinto, la carne y la tentación, renovando la mente dejando atrás la idolatría, la mala manera de sentir, pensar y actuar.
El resultado es maravilloso porque se adquiere la esencia del patriarca Yaacob. La persona vuelve a su origen, a reflejar la luz del Eterno, Todo se empieza a equilibrar, emerge una vida piadosa, en control de sus emociones y sentimientos viendo la mano y el cuidado de Yahweh con todo lo que le pertenece. Dijo Elohim: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que domine los peces del mar, las aves del firmamento, los animales de ganado y toda la tierra; y todo animal de suelo que recorre la tierra”.
Cuando la Toráh se refiere a LA TIERRA, está hablando de ti mismo.
Cambia la visión de tu vida y realmente anímate a gobernar tu interior y comparte tus testimonios para que Yhwh se glorifique en tu vida y seas luz para las naciones.
Shalom.
Talmida: Angélica Ma. Mendoza.
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