
En el mundo el hombre puede estar pasando por constantes periodos de aflicción y sin estar conscientes de que es lo que ocasiona que su vida vaya de problema en problema y de sufrimiento en sufrimiento, llegando a pensar muchas de las personal que “así nos tocó vivir”, es decir, se conforman con una vida de sufrimiento sin estar conscientes que muchas de las aflicciones por las que pasamos las hemos generado nosotros mismos al no ser conscientes de los defectos de carácter o de las emociones negativas bajo las cuales tomamos decisiones equivocadas que nos llevan a actuar obteniendo resultados que pueden llegar a ser desastrosos en nuestra vida y en muchas de las ocasiones afectando a quienes están a nuestro alrededor
En la parashá Vayeshev (se asentó) del sefer Bereshit uno de los acontecimientos principales es el resentimiento de los hijos de Yaacob hacia su hijo amado: Josef, a tal punto llegó el conflicto de Yosef con sus hermanos que éstos lo vendieron como esclavo, iniciando así un período de aflicción en la familia del patriarca Yaacob.
37:1 Yaacob se asentó en la tierra de las peregrinaciones de su padre, en la tierra de Kenáan. Estas son las generaciones de Yaacob: a los diecisiete años, Yosef era pastor del rebaño -y él era joven-….
Los sabios nos dicen que enfatizar que era un “joven” sólo puede tener como propósito indicar el modo en que se comportaba, este dato es muy relevante ya que debido a su juventud Yosef no tenía la madurez para ser consciente de los problemas de carácter que tenía, ya que aunque estudiaba Torá bajo la instrucción de su padre no tenia la capacidad de hacerla germinar en su actuar diario, esto le llevaría a tener serios conflictos con sus hermanos causados por su mayor problema de carácter el lashón hará (mala lengua); ya que le faltaba madurar la instrucción de la Torá, pues su principal problema era “la percepción” no estaba viendo adecuadamente lo que hacían sus hermanos. La Torá menciona que Yosef solía relatar a su padre todo lo malo que sus hermanos hacían, independientemente de su edad, Yosef se comportaba como un muchacho, indiferente a las consecuencias de lo que hacía.
El énfasis que hace la Torá acerca de la edad de Yosef nos revela que la juventud está relacionada generalmente a 2 atributos: fuerza o vigor, y la inmadurez. Yosef llegó a ser un piadoso tzadik con grandes dones e inteligencia para administrar los bienes de su padre; pero aún no alcanzaba el nivel de madurez suficiente de la Torá que lo llevara a fijarse en sí mismo en los errores que estaba cometiendo.
Así en la vida del hombre hay un Yosef, es decir, la parte de nuestra conciencia que esta adormecida que nos lleva a pecar a pesar de que la otra parte de la conciencia esta despierta. “Ese es un Yosef en nuestra vida”. Esto habla de que hay una tendencia natural de ser hábiles en los asuntos del mundo y difícilmente ser tan hábiles en los asuntos espirituales.
Así como Yosef podemos estar operando simultáneamente en nuestra vida entre la madurez y la inmadurez, movernos en los asuntos del mundo con éxito, pero a la vez con nuestra parte espiritual caída lo que nos lleva a tener problemas con nuestros familiares y las demás personas. Ante esto la Torá nos instruye como trabajar en nuestra parte espiritual y hacer la corrección en nuestra vida, ya sea de una mal rasgo de carácter o de un problema que tiene origen en la mala inclinación. Así como Yosef pasó por el terrible sufrimiento de ser vendido por sus hermanos y pasar a ser esclavo llegando a vivir terribles sufrimientos; así esa parte de la conducta del hombre que en su inmadurez no ve, es la que le genera que constantemente se materialicen juicios adversos.
Debemos tener presente que ciertas acciones equivocadas en nosotros mismos no las vemos porque hay una desconexión entre la conciencia y la forma de actuar que no nos permite tener conciencia de si esta bien o esta mal lo que hacemos o decimos.
¿Qué debemos hacer para corregir un defecto de carácter o una conducta condicionada por la mala inclinación?
La única forma de despertar esa parte de la conciencia que no está consciente es conociéndonos a nosotros mismos y reconocer las vulnerabilidades que tenemos. Para esto debemos:
- Iniciar la introspectiva, análisis y revisión de mí mismo a la luz de la presencia de Elohim; ahí es donde se empieza a revelar ese ser oculto para mí, pero visto por los demás, pero sobre todo por Elohim.
- Las personas con las que convivimos nos pueden decir lo que están viendo en nosotros, la información que nos proporcionan sobre nosotros la tengo que reflexionar, analizar esto me lleva a entender mi problema; enseguida lo acepto para finalmente reconocerlo, en ese momento a partir de ahí ya no dejará de pasar desapercibido, dejará de ser contra intuitivo para volverse consciente en mí.
- Para reestablecer la conexión entre nuestra conciencia y las formas en que actuamos debemos hacer germinar o entender la Palabra de la Torá, ya que cuando la entendemos y la retenemos para hacerla “luz” se enciende en nuestra conciencia y empezamos a ver eso que no veíamos (madurez).
- De esta manera evitaremos caer en el pozo de la aflicción (Yosef fue lanzado a un pozo por sus hermanos antes de ser vendido como esclavo), el cual simboliza el principio del sufrimiento de las personas, es la antesala de un decreto que ya se está materializando.
- Para salir de este pozo de aflicciones el hombre debe mirar hacia arriba, donde esta Dios, para elevar oración o plegaria y pedirle su ayuda divina para salir de esa aflicción, a la vez de que reflexiona sobre sus acciones con la firme intención de corregirse y así evitar que el decreto adverso siga en progreso para llevar al hombre a un nivel mayor de aflicción: la esclavitud.
- Hay 2 maneras de salir del pozo: corrigiéndose o yendo a esclavitud para eventualmente corregirse.
Para lograr lo antes dicho, se requiere que la persona tenga paz, tranquilidad, un corazón asentado para poder reflexionar sobre sí mismo y empezar a cerrar esa brecha de actos inconscientes y empezar a cobrar mayor conciencia de todos sus actos, pensamientos y palabras; esta es la única manera de lograr la corrección de manera eficiente y mantener controladas y administradas nuestras reacciones para evitar pecar.
Esta parte de la vida de Yosef nos enseña que debemos estar agradecidos con Hahsem ya que nos da la instrucción en su Torá para corregir esa parte de nuestra vida caída que nos genera aflicciones o están en proceso de generarlas, elijamos la manera más benévola, elijamos corregirnos, esto lo logramos sujetándonos a la voluntad del Eterno revelada en su Torá, trabajemos para que Su Palabra se haga luz en nuestra conciencia y así evitemos caer en el pozo de la aflicción.
Tehilim [Sal] 119:67” Antes que fuera yo afligido, descarriado andaba; más ahora guardo tu palabra.”
En Su amor, el Eterno aflige a sus hijos descarriados. Esto provoca que guarden nuevamente Su palabra.
Iojanan ben Abraham.
Talmida: María de los Ángeles Salazar Chávez
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