
La Torá es el sefer (libro) sagrado que Elohim entregó a los Hijos de Israel en el monte Sinaí después de la salida de Mitzraym (Egipto), se compone de 5 libros, el primero de éstos es Bereshith que en el mundo cristiano se le conoce como Génesis.
Para quienes crecimos desconectados de la cultura del pueblo de Israel (cultura del Reino) y crecimos bajo doctrinas cristianas que están contextualizadas fuera del pueblo de Dios, es sorprendente y maravilloso el acceder al conocimiento y sabiduría que el Eterno reveló en Su Torá hace miles de años; ahora sabemos que nada está sin tener un fundamento espiritual y nada está escrito por accidente en la Biblia (Tanaj), ya que desde Adán hasta Moshé, la Torá se enseñó oralmente; Hashem mismo enseñó de manera oral desde Adám como cumplir con Su Voluntad, la Torá.
Por lo tanto las revelaciones e interpretaciones de la Torá escrita ya fueron dadas al pueblo de Israel.
En esta ocasión abordaremos la primera parasha del sefer Berehit, que lleva el mismo nombre Bereshit (capítulos 1:1- 6:8) que significa: “en el principio”; es la sección más profunda de la Torá, su profundidad no tiene fin, de esta sección se desprende abundante luz (conocimiento) que tiene como finalidad que el hombre conozca la esencia de Dios, así como su propia esencia.
1:1 En el principio Elohim creó los cielos y la tierra….
1:26 Hagamos a la humanidad a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y reine sobre los peces del mar, las creaturas que vuelan…
Bereshit “En el principio del crear de Dios…. Creo al hombre
El hombre es la máxima obra de la creación del Eterno, hecho a Su imagen y semejanza para cumplir los propósitos que le ha asignado al darle vida.
A lo largo de los 6 días de la creación vimos que las plantas y los animales tienen una fuerza vital intangible, el alma, pero ¿qué tiene de especial el alma que Dios insufló en el hombre? Sólo al hombre se le insufló el alma directamente, es decir, sólo él recibió “Quemene” el aliento de Elohim; otorgándole de esta manera la capacidad en el alma de ejercer el libre albedrío, y ésta capacidad de elegir como construir su vida es lo que le hace semejante a Dios. El libre albedrío se define como la capacidad para escoger asemejarnos a Dios; elegir estar cerca de Dios o alejarnos de Él, y esto sólo puede lograrlo por medio de la Torá.
Al momento de la desobediencia de Adán y Java empezó a dominar en el ser humano la parte baja o caída (yetzer hará) como consecuencia que conocieran la sabiduría del bien y el mal, así al enfrentarse a una situación debe elegir entre lo bueno y lo malo. Si el hombre no accede a la instrucción de Su Creador su vida será muy desdichada en la tierra.
Tenemos que comprender que toda la existencia de la humanidad se basa en esta capacidad- el libre albedrío-, ya que el hombre es enfrentado a tomar a lo largo de su vida a cualquier clase de decisiones morales, en la cual su alma se debate entre dos opciones:
1.- acercarse a lo infinito (Dios)-decisiones buenas basadas en la Torá.
2.- alejarse de lo infinito (Dios)- decisiones malas que son encontra de la voluntad de Dios.
De esta manera todo se conecta constantemente con el libre albedrío. A veces lo advertirá y a veces no advertirá que se encuentra en una lucha en la que la mala inclinación entra en acción para alejar al hombre de Dios tomando malas decisiones (quebrantar los mandamientos); sí el hombre logra ganar la batalla, es decir, toma la decisión correcta se acercará cada día más a Su Creador subiendo así un peldaño más en la escalera de Yaacob (niveles espirituales).
Así en la vida del ser humano el decidir tomar la elección correcta en las situaciones que vive diariamente le permitirá tener un buen principio que perdura en función de las decisiones que toma.
De esto aprendemos que cuando nos enfrentamos a la toma de decisiones debemos tener presente la Voluntad del Eterno; es decir los mandamientos, estatutos, leyes y decretos revelados en la Torá para evitar cometer errores que producen un mal principio y que si no se corrige la persona va a materializar en su vida problemas y aflicciones que no le permitirán una vida plena.
Por lo tanto debemos esforzarnos por crear un nuevo y buen principio en nuestra vida en cada decisión que tomamos ahora que el Eterno nos ha permitido llegar a la luz de su sabiduría, la cual sólo se alcanza al poner por obra los conocimientos adquiridos.
Nuestro Dios, el Dios de Abraham, Itzajk y Yaacob, es un Dios de amor y justicia por lo cual no ha dejado al hombre sin la luz de Su sabiduría, lo que le permite al creyente que es manso y humilde crear un nuevo principio en su vida al brindarle la oportunidad de corregir después de haber tomado una decisión mala y haber caído alejándose de Él, permitiéndole restaurar su vida y aunque hubiera tenido un mal principio tenga un buen final.
Para iniciar este nuevo crear o reiniciar su vida la persona debe:
1.- Elevar palabras de teshúva (arrepentimiento) y pedir asistencia en oración al Eterno diciéndole lo que necesita.
2.-Usar el poder de la palabra que Hashem le ha otorgado para empezar a transformarse y transformar su entorno, pronunciando las promesas de bendición que están en la Biblia.
3.- Acudir a la asistencia de su Maestro de Torá (Roeh) para que con la luz de la sabiduría de la Tora y su experiencia guiando a las ovejitas le oriente para una mejor toma de decisiones.
Nuestro Padre que está en los cielos espera de sus Hijos que aprendamos a tomar decisiones buenas por medio de la Luz de su sabiduría y así tener una vida plena y prospera en un mundo lleno de tinieblas.
“Siete veces cae el justo y se levanta” (Rey Salomón) Proverbios 24:16.
“Nuestras elecciones dan forma a nuestras vidas. Primero tomamos elecciones. Luego nuestras elecciones nos dan forma” – Anna Frank
Talmida: María de los Ángeles Salazar Chávez
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