: ES NUESTRA DECISIÓN TRANSFORMAR LOS MALOS RASGOS DE CARÁCTER EN VIRTUDES

 

En el séfer (ibro) Bereshit (Génesis) de los capítulos 25:19 al 28:9, en la porción de lectura llamada Toledot que significa “generaciones”, la Torá nos habla acerca del linaje de Abraham. Esta parashá  inicia narrando el nacimiento de los hijos mellizos de Itzjak y Rivka (Isaac y Rebeca) por lo tanto nietos de Abraham y Sará; por 20 años Rivka oró a Hashem para que le permitiera concebir un hijo. El Midrash Bereshit (Casa de estudio de Torá) nos narra que hasta que Itzjak y Rivka rezaron juntos y ofrecieron un sacrificio en Har Hamoriá (Monte Moriá) la tefilá (oración) de Yitzhak fue escuchada y Rivka quedó embarazada, pero este embarazo le produjo muchos malestares y dolor. Ante esto Rivka visita el Beit Hamikdash de Shem y Ever para preguntar a Hashem acerca de cómo terminaría este embarazo y pedirles que rogaran a Hashem por misericordia por ella.

Shem le transmitió la profecía que Hashem le reveló acerca del embarazo “Hashem dice que estás gestando mellizos. Me ha dicho que te revele los secretos de los futuros acontecimientos y que tú no has de revelar a ninguna persona: serás madre de dos grandes naciones. Las llevas a las dos juntas, pero una vez que hayan nacido, ni el mundo entero podrá albergarlos juntos. ¿Cómo esperas que coexistan en paz en tú vientre?” Esto nos dice que las inclinaciones naturales de los mellizos se manifestaron en el vientre de Rivka antes de su nacimiento; aunque aún no poseían ideas propias.

El mellizo que nació primero sus padres lo llamaron Esav (Esaú) que significa “terminado”, pues había nacido con los pelos como un adulto, su cabello era rojizo y de aspecto rudo; los sabios nos dicen en el Midrash que parecía poseer el temperamento de un asesino. Si bien cuando una persona nace con un temperamento efusivo, como Esav, debe emplear esta predisposición al servicio de Hashem para proteger a los débiles y pelear contra los malvados. Esav fue un cazador, un hombre de campo que usó sus inclinaciones naturales con fines malos. El Rey David también nació con cabello rojizo, pero a diferencia de Esav esta habilidad temperamental la utilizó para hacer el bien ya que reprimió sus pasiones utilizando todos sus rasgos naturales positivos al servicio de Hashem.

Al otro mellizo Dios mismo lo nombró Yaacob (Yaacob) que significa “hombre completo”, un habitante de las tiendas del estudio. Toda su vida vivió inmerso en el estudio de la Torá de manera diligente. Estudió en el Beit Hamikdash de Abraham, de Ever y en la de Shem.

Tanto Yaacob como Esav crecieron bajo la tutela de su padre Yitzhak y de su abuelo Abraham pero al llegar a la edad de trece años se hizo evidente la deferencia entre ellos y fue notorio que sus inclinaciones naturales las orientaban hacia metas opuestas.  El sabio de Torá Rashí explicó que la situación de no distinguir la tendencia de cada uno de ellos genero este problema en la descendencia de Yitzhak y Rivka “cuando eran niños, nadie supo distinguir la tendencia de cada uno de ellos”, ya que esto era fundamental al intentar comprender el desvío de Esav.

Yaacob y Esav representan las dos tendencias o fuerzas internas que tenemos toda persona:

  • Hacia el bien, representada por Yaacob, que personifica al hombre que busca conectarse con el Eterno y poner a Su servicio sus rasgos naturales.
  • Hacia el mal, caracterizada por Esav, que desarrolla y alimenta la mala inclinación de la carne y sus rasgos naturales los emplea para hacer el mal.

Esto nos enseña que toda persona nace con esas dos fuerzas o tendencia internas de carácter, pero esto no determina que la persona vaya a tener una vida como Esav dedicada a hacer el mal; si no que como Yaacob puede corregir esas fuerzas a través de una vida dedicada al estudio y puesta en práctica de los mitzvot (mandamientos) del Eterno y en una comunión constante con Él.

Podremos preguntarnos ¿Esta todo predestinado en la vida de la persona antes de nacer? Predestinado se define como “antes que el destino se cumpla”, es decir, no define lo que puede pasar; aunque traigamos una carga predestinada no necesariamente quiere decir que se cumplirá, es nuestra decisión transformar los malos rasgos de carácter en virtudes, cada persona tenemos la oportunidad de direccionar nuestra vida a través de las acciones que decidimos llevar a cabo.

Debemos dominar el mal rasgos de carácter y convertirlo en virtud y esto sólo es posible a través del estudio de la Torá y de la comunión con Hashem. Para esto también debemos cuidar nuestra manera de hablar, hablar positivamente acerca de nosotros nos llevará eventualmente a ser lo que decimos sobre nosotros mismos. La Torá nos alerta sobre los efectos que las palabras tienen en nuestra vida y en la vida de las demás personas. Siempre debemos estar en guardia y cuidar lo que expresamos, ya que nuestras palabras impactan e influyen en las personas.

Pongamos atención en las características innatas que tenemos y hagamos un análisis exhaustivo de nuestra personalidad para trabajar en la corrección de los malos rasgos de carácter que predominan en nuestra vida y que no somos conscientes por haberse transformado en conductas condicionadas.

Cómo lo expresó el sabio Rashí es fundamental comprender nuestra personalidad para así poder analizar y diagnosticar nuestros rasgos naturales y ver si están desviados de lo que Hashem espera de nosotros.

Debemos preguntarnos:

¿Cuáles son los rasgos naturales de mi carácter que me caracterizan?

¿Si no los conozco, qué debe hacer para conocer y comprender mis rasgos naturales o características innatas?

¿Cuál es el rasgo de carácter que predomina en mi vida, es bueno o malo?

¿Qué hace que ese mal rasgo de carácter se detone en mi vida, una emoción, qué tipo de emoción?

¿Cómo hacer que ese rasgo de carácter no sea para mal o se transforme en virtud?

¿Acostumbro a medir mis palabras, qué hablo?

¿Evalúo mis actos?

Cada persona debemos hacer nuestra parte para crearnos una vida mejor.

Recordemos: es nuestra decisión transformar los malos rasgos de carácter en virtudes.

 

Talmida: María de los Ángeles Salazar Chávez

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