
Cuando uno toma la decisión de retornar a Quien nos creó, a nuestro Dios y Padre, la situación en la que vivimos cambia, si bien Él nos otorga bendiciones, principalmente paz, se enfrentan desafíos provenientes de la manera de vivir previa.
El cortar con los lazos culturales con los que se resolvía la vida cotidiana es necesario para poder acceder a las bendiciones que el Eterno tiene dispuestas para aquel que se ha atrevido a pasar de un estado mundano a uno de santidad.
Ese es el contexto en el que se presentan tales desafíos, en ese camino de transición de un estado a otro. Es donde se libra la batalla que como creyentes se tiene cada día, tanto en el campo de batalla externo como en el interno.
La porción toral de Vayishlaj -que traducida al español es y envió– nos muestra ahora como Yaakob regresa de donde huyó para evitar ser asesinado por su hermano Esav. En la superficie del relato que se deja ver en los pasajes que van del capítulo 32:4 al 36:43 se muestran hechos diversos que debió hacer Yaakob para su retorno.
De trasfondo, sin embargo, hay enseñanzas de gran importancia que se constituyen en instrucciones para quienes estamos poniendo a nuestra espalda el camino ancho que lleva al mundo, y tenemos en nuestro horizonte el camino angosto que nos lleva hacia el Trono de Gloria, nuestra mirada está puesta hacia el cielo.
En el anterior escrito (La batalla del creyente para lograr vivir la plenitud) se veía como Yaakob huía de sus inclinaciones a la maldad. Un factor de suma importancia que le ayudaría a tener gobierno sobre esas inclinaciones fue el estudio de Torá que durante catorce años realizó, previo a llegar a la casa de Labán, lugar en el que halló esposas, hijos y abundantes riquezas.
Las triquiñuelas del cual fue objeto les sirvieron para su crecimiento y desarrollo espiritual. En ese lugar cumplió cada mandamiento, lo que le valió para su retorno para enfrentar a Esav -las inclinaciones que había en él-, con autoridad.
Para ello, en la estrategia que implementó hay dos aspectos importantes que resaltar y que son necesarios para quienes somos hijos del Eterno, en transición hacia Su reino.
Tales son, la tefilá, el primero, la oración al Eterno en la que le recordamos, así como hizo Yaakob, sus promesas para nosotros, y también pedimos nos dé la salvación de la situación que se enfrentará; y, el segundo, el afrontar precisamente los actos, las acciones, que se hicieron y que fueron opuestos a la Voluntad de Elohim. Este último paso es precisamente en el que te enfrascas en una contienda espiritual, pues se ha propiciado la trasgresión en complicidad nuestra tendencia a la maldad, y el acusador, el satán. Es a éste y a las entidades espirituales de maldad, de las cuales se sirve, las que deberás enfrentar. Así como hizo Yaakob.
Todo esto ocurre en un contexto de retorno. Es necesario resaltarlo, con el nombre que tiene en la Torá: teshuvá. Justamente el sentido amplio de esta palabra es retorno, regreso, volverse al Creador, por la vía de la corrección y la rectificación. Tú lo conocerás muy seguramente como arrepentimiento. Así ha sido enseñado en el cristianismo en general. Pero teshuvá es más amplio, inclusive, el arrepentimiento es parte del proceso de retorno.
Esos son los desafíos. ¿Cuáles? Los que haya en ti en calidad de decisiones tomadas y que fueron en contra de la Voluntad del Eterno, y que han traído sobre ti juicios adversos que se muestran como aflicciones. Sólo tú podrás saber cuáles son, e inclusive posiblemente necesitarás ayuda, la que el Eterno te brindará con la asistencia de Su Espíritu. Y externamente, consejería que te ayude a tener claridad en tu percepción de tu situación, presente y su relación con el pasado.
¡¡¡Enfrenta tus desafíos!!! Y así irás vivenciando, aún más, la plenitud, y, además, algo sumamente valioso: méritos para vida eterna.
Talmid: Lucino Javier García Pesina
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