
Muchas veces Hashem en su infinita misericordia nos da muchas oportunidades para hacer teshuva (arrepentimiento); pero por alguna razón no lo vemos y seguimos con nuestras conductas tercas y necias hasta que viene un golpe fuerte, un decreto nefasto, una situación de aflicción ahí es cuando podemos darnos cuenta de que se pudo haber evitado ese proceso doloroso, así mismo le paso a Faraón no vio que Hashem le otorgó 10 oportunidades para hacer teshuva y en cada oportunidad tuvo esa puerta abierta para que lo hiciera y no lo hizo.
Recordemos que Faraón tenía una dualidad de personalidad, la primera es la figura de la serpiente esclavizando al hombre y la segunda es la parte del Yo terca y necia que resiste someterse a la voluntad de Hashem y por esa conducta a la persona le llegan muchos problemas a su vida; esta dualidad está contenida en la vida del ser humano y hay que deshacerse de ella, pues todos tenemos nuestro “Faraón” interno, es decir alguna oposición u hostilidad terca hacia la santidad. Cuando este “Faraón” es derrotado, los demás obstáculos para vivir una vida plena y positiva también son derrotados.
En esta lección de Bo, Hashem advierte al Faraón de que será castigado por no atender las demandas de Moshé, aquí es cuando aparecen las 3 últimas plagas, con esta advertencia Hashem le decía a Faraón que la puerta del arrepentimiento aún estaba abierta, pero para Faraón fue muy difícil arrepentirse, si él hubiera juntado la fortaleza interna de hacer caso a su conciencia pudo haber evitado una ruina total a su país. Aprendizaje: no importa cual alejado de Dios pueda sentir una persona, aunque pareciera que Hashem cierra la puerta, nada puede resistir de los esfuerzos sinceros para volver a Él.
Con estas 3 últimas plagas Hashem aumenta a Moshé el poder, la autoridad, unción para que termine el trabajo que se le había ordenado y seguir con la travesía por el desierto. Para que el hombre pueda romper esas fortalezas emocionales, mentales y ambientales necesita ser embestido de ese poder que solo Hashem otorga, sin poder la serpiente golpeara con mayor fuerza para que no salga. Para romper con esto es necesario hacer Bo, (salir de la presencia de Hashem e ir a su presencia) ir al problema, al desafío, a la guerra que la persona va a enfrentar, Hashem allá está esperando. Ahora en esta ocasión Bo nos enseña de ese empoderamiento, autoridad, insignia para golpear y destruir la resistencia qué la serpiente hace cuando la persona está decidida a salir de la esclavitud. Ven a Faraón; quiere decir que Hashem ya nos habilitó, ahora quiere que vayamos a enfrentar a ese problema, ese desafío y por esa decisión que la persona tomo la serpiente se vuelve un enemigo a muerte pues lo que tiene ganado no quiere soltarlo tan fácil y cuando ve que esta por llegar esa libertad, esa bendición arrecia, para bloquear y no permitir que llegue esa bendición. El hombre que decide liberarse de esa esclavitud lo hace con el único motivo de servir a Hashem pero la serpiente no quiere que salga a servir así como lo hizo Faraón, por eso a nosotros nos toca insistir, adquirir una disciplina espiritual que nos permitirá mantenernos puros, limpios, con actos de bondad y llenos de Tora, llenos de Palabra, para que si la serpiente qué anda acechando no pueda entrar pues la casa no está vacía sino plena y muy afianzados en la roca, pues si la persona regresa a su estilo de vida anterior o sea a la esclavitud la serpiente no solo lo va afligir sino lo destruirá por venganza, entonces tenemos que seguir adelante sin ver para atrás.
Cuando Faraón por fin otorga la salida al Pueblo de Israel le da una advertencia a Moshé. Cuídate no vuelvas a ver mi rostro pues el día que veas mi rostro morirás., Moshé dijo bien has hablado ya no volveré a ver tu rostro. (Shemot 10:28-29). Estas palabras de Moshé es formalmente una renuncia a la esclavitud y el pecado, pues cuando dice bien has hablado ya no volveré a ver tu rostro, ya no volveré a estar ante ti, ya no regresaré atrás a la búsqueda de los placeres del pecado, sino el único rostro que buscaré será el de Hashem.
Talmida: Martha Patricia García Pérez.
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