
En la parashá o porción de estudio de la Torá Vaietzé (Y salió) del sefer Bereshit comprende de los capítulos 28:10 al 32:3 se centra en la vida de Yaacov quien atendiendo a la recomendación de su padre Itzajk salió a Harán para casarse con una familiar de su madre, esto debido a la amenaza de su hermano Esav de asesinarlo por haberle quitado la primogenitura, por lo tanto, Yaacov llega a la casa de su tío Laban para encontrar una esposa. Cuando Yaacov llega y conoce a su prima Rajel, decide que ella es la mujer para él. Yaacov está tan cautivado con la belleza de Rajel, que se compromete a trabajar para su tío Laban durante siete años antes de ganar el derecho de contraer matrimonio con ella; la Torá nos informa que la emoción de Yaacov fue tan grande que los siete años «le parecieron sólo como unos pocos días» (Bereshit 29:20).
La tradición del pueblo de Israel nos dice que existía un acuerdo previo entre Itzjak y Labán de celebrar bodas entre sus hijos, Lea con Esav y Yaacov con Rajel. En esta ocasión nos enfocaremos en reconocer el gran mérito de una de las matriarcas del pueblo de Israel: Rajel.
El día designado para la boda de Yaacov con Rajel finalmente llega, pero conociendo lo estafador que era Labán, Yaacov, sospechaba que éste podría tratar de casar a Lea, su hija mayor, esa noche en lugar de Rajel, por lo cual acuerda con Raej una «contraseña secreta», con el fin de garantizar que en realidad su amada Rajel esté debajo de la jupá. Cuando Lea se ubicó debajo de la jupá, ella dijo la contraseña correcta ya Rajel, su hermana, le rebeló la contraseña con el fin de evitarle fuera avergonzada, estuvo dispuesta a renunciar al marido por el cual ella había esperado pacientemente durante siete años.
Aunque Rajel vivía en Jarán lugar donde había muchos obstáculos para la fe, ya que era una ciudad habitada por rashí (malvados) estafadores, donde difícilmente tenían acceso a la Torá, ella cultivó el temor al Dios de Abraham e Itzajk. Recordemos Abraham e Itzjak ya habían estado difundiendo el conocimiento sobre el Dios único y verdadero, así como la ética y moral bajo la cual Dios desea que vivan sus hijos.
Rajel alcanzó la grandeza, ya que ella estuvo dispuesta a hacer precisamente la Voluntad del Eterno, actúo cumpliendo dos importantes principios espirituales de la Torá:
- Cuidar la dignidad del prójimo actuando en favor de este para evitar sea avergonzado; la Torá tiene leyes esenciales para salvaguardar el principio de no avergonzar a los demás. El Talmud nos dice que avergonzar a una persona en público es comparable al hecho de asesinarla.
- Leshem shamaim se traduce como “en nombre del cielo”, a causa de Dios, para honrar a Dios, porque es mandado por Dios, porque tiene a Dios como finalidad, que sirve a Dios.
“Leshem shamaim” es una acción que no busca un beneficio egoísta sino un bien común, tal como las acciones de Dios son para beneficiar sin obtener beneficio a cambio.
A pesar de que Rajel conocía las promesas que Hashem había dado a Abraham y su descendencia estuvo dispuesta a sacrificarse “para bien de Dios”. Cuando aceptó casarse con Yaacob era también porque deseaba que a través de ella fueran procreados los miembros del pueblo de Israel, ya que conocía la profecía de que a través de Yaacob se formaría la nación de Israel, anhelaba servir a Dios a través de esto. Rajel actúo de esta manera (ayudar a su hermana Lea) con la finalidad de encontrar el “sentido espiritual” al engaño de su padre Labán. Consideró que tal vez ella no era digna de participar en la creación de la nación de Israel, sometiendo su propio interés a los designios y voluntad de Dios.
De la vida de la matriarca Rajel aprendemos:
1.- Rajel representa al creyente sujeto a la voluntad del Eterno que se anula renunciando a su propio interés para que se cumpla la voluntad del Eterno.
2.- A lo largo de la Torá podemos ver muchas referencias al llamado a la conciencia hacia nuestro prójimo, hacerle daño al prójimo y aún a la naturaleza es hacernos daño a nosotros mismos. Nuestros actos trascienden más allá de nosotros mismos, ya que impactan al prójimo ya sea cercano-lejano. Hashem por medio de Su Torá enseña a Su pueblo una manera de comportarse ante EL, ante sí mismo, ante el prójimo y ante la creación.
3.- Como Hijos del Eterno debemos añorar lograr nuestra elevación espiritual para así poder revelar lo mejor que hay dentro de cada uno de nosotros.
4.- Cada acto que realicemos congruente con la instrucción de la Torá tiene un impacto directo en nuestra vida misma, experimentando justicia, de aquí la importancia de estudiar y aprender Torá: me da conciencia de como dirigir mi vida y afectar positivamente el universo entero, así nuestros frutos serán resultado de la obediencia a la Voluntad del Eterno. Un acto de bondad contribuye a que la creación sea mejor.
6.- En la vida, podemos heredar muchas cosas de nuestros antepasados: condiciones médicas, color de cabello, dinero. En el judaísmo se dice que también heredamos ADN espiritual. Cuando los Hijos de Elhim demuestran un carácter que va más allá de las expectativas humanas, eso queda arraigado por toda la eternidad. Ese código genético es heredado por cada uno de nosotros y por nuestra descendencia, otorgándonos el potencial innato de alcanzar esas alturas al poner en práctica sus mitzvot (mandamientos).
7.- Nuestra agonía al renunciar a algo que consideramos “merecemos o es nuestro derecho” es producto de un deseo de hacer lo correcto. Los actos de obediencia impactan en la vida de la persona misma, a los que le rodean, a su entorno, a su linaje y al universo entero.
En todo tiempo es importante reflexionar acerca de las intenciones o motivaciones de nuestras acciones y considerar que todas tienen sus repercusiones. Necesitamos la guía de un Maestro de Torá para aplicar correctamente el principio Leshem shamaim (En nombre del Cielo).
Elijamos realizar actos de obediencia sujetos a la Voluntad de Hashem y “en nombre del Cielo” ya que seremos retribuidos bajo el principio espiritual “Midá Kenegued Midá” – Medida por medida.
Talmida: María de los Ángeles Salazar Chávez
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