LA OFRENDA DE LOS POBRES

Es común que el hombre experimente temporadas de abundancia económica y temporadas de escasez, también hay personas que desde que nacen hasta que mueren, viven con limitaciones extremas. Aún así, en esas condiciones se aprende a dar y recibir. El maestro Yeshúa dijo que es más bienaventurado dar que recibir. Pensemos que estamos frente a Hashem, el dueño absoluto del universo, y que yo le quiero dar un obsequio, quiero alegrarlo y agradecerle su amor y cuidados hacia mi persona. El estableció un sistema de ofrendas que puede entregar el hombre a Elohim, no porque Él necesite algo de nosotros, sino porque conoce los corazones bien intencionados que buscan agradarle. Y una de estas korbanot (ofrendas) es conocida como la ofrenda de los pobres: Minjá terumá. Esta ofrenda sigue siendo de ascención y voluntaria, ya que tanto el pobre como el rico necesitan acercarse al Eterno.

Leemos en la Escritura: “Cuando alguien ofrezca una oblación como ofrenda a Hashem, su ofrenda será de flor de harina, sobre la cual echará aceite y pondrá incienso.”  Aquí la palabra hebrea que se usa para “alguien” es nefesh, que quiere decir alma. ¿Qué es lo que puede entregar un alma a Hashem?

En cualquier grado de pobreza, toda persona posee algo para dar a Hashem. Mientras que el rico ofrece sacrificios de toros, machos cabríos y corderos; el pobre ofrece dos tipos de aves, tórtolas (machos adultos) y pichones (crías). Así se le da la oportunidad de no pagar por las aves, a cambio del esfuerzo de capturarlas él mismo. Es valioso este acto porque se entrega la vida del animal.

También puede ofrecer oblaciones (tortas de trigo), en éstas observamos un simbolismo interesante: Se entregaban al Cohen oblaciones de trigo, con aceite de oliva, se acompañaban de sal e incienso. Veamos con atención los elementos de esta ofrenda.

De flor de harina: Se refiere a la mejor calidad en el grano, además debe ser de trigo y no de cebada. Ya que requiere asegurar la calidad en los nutrientes que formarán parte de un pan capaz de mantener la vida de la persona que lo comerá.

Con aceite de oliva: Cada oblea estaba untada con aceite de oliva, el cual representa el resultado de nuestras buenas acciones aprendidas en el estudio de la Torah, esto es nuestro esfuerzo diario por hacer mandamientos y nuestro sacrificio por evitar hacer lo que Hashem nos prohíbe.

La sal: Es un conservador natural, y también es un saborizante excepcional en la mayoría de los alimentos.  La sal acompañaba todo tipo de sacrificio en el altar.

El incienso: En esta ofrenda la quema total del incienso era para que subiera olor fragante al Eterno. Ya que el pan no se quemaba, sino que se daba a comer a los cohanim (sacerdotes).

El fuego: Era necesario someter la masa al fuego para ser horneada, cocida, tostada o frita en aceite. La masa cruda no sirve para alimentar a las personas, se requiere que pase por el calor abrumador del fuego hasta que transforme la masa y esté lista para ser comida, y así preservar la vida de alguien.

En conclusión, dar lo mejor de mí a Hashem se relaciona más con lo que soy, que con lo que tengo, habla mucho del esfuerzo de mi parte. Involucra acercarme a Él, aprender sus mandamientos y vivir de acuerdo a ellos para bendecir y prosperar mi vida, también ayudar a bendecir a otras personas.  La forma en que me comporto debe conservar mi vida sin corromperla, dándole un buen sabor a todo lo que hago.  Dejar que el fuego del cielo me transforme me dará una nueva identidad, más elevada, con la cualidad de ayudar a preservar la vida de otros.

 

Talmida: Graciela González Cavazos

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