ES GRANDIOSO REPOSAR EN EL

Hashem es perfecto, soberano y omnisciente por toda la eternidad. Sus caminos son incomprensibles para el hombre, pero son transitables por todo hombre que crea y confíe en ellos. Desde el principio de la creación, el Eterno estableció leyes y principios en la naturaleza, para que haya estructura y organización armoniosa. Toda la creación obedece al Eterno. En el lado oscuro, el enemigo de Hashem genera planes para destruir la obra divina; en el primer Shabat pecó Adam, y tras la caída de la humanidad, ha intentado destruir “ el reposo”. En parashá Ki tisá se narra cómo Hashem llama a artesanos para construir el tabernáculo, para diseñar utensilios y para confeccionar vestuarios sacerdotales. Es honroso este trabajo, pero no mayor que el Shabat, por eso menciona la instrucción de pausar el trabajo y reposar cada 7 días, detalla cómo cumplir y guardar esta bendición. Tan importante es reposar para el hombre que Él nos puso la muestra: “reposó el séptimo día”. Cada vez que completas este ciclo seis días de trabajo y uno de reposo, el siguiente día “8” será sobrenatural para ti, te eleva al cielo, te entrega una semana exitosa, pues te lleva por un camino de prosperidad, cada semana es un escalón que te acerca a Hashem. ¿Sabías que a finales del siglo XVIII en Francia (1796-1806) intentaron romper con la semana de 7 días? idearon una semana de 10 días laborales, apegándose al sistema decimal para eliminar las referencias religiosas del calendario convencional. Simplemente la gente enfermó, y sufrió trastornos fisiológicos como del sueño, fatiga, etc. además de trastornos emocionales y mentales.  Nuestro cuerpo, alma y espíritu saben que su Creador los espera cada séptimo día para reposar en Él. Esa es la señal, el signo que nos distingue como pueblo de Elohim. El reposo nos santifica/separa del resto de las naciones. Cada semana nos parecemos más a Hashem ya que pasamos más tiempo con Él y vamos renunciando a los placeres del mundo. Y es así como la obediencia produce el fruto de la felicidad, naturalmente fluye la vida y el progreso, y las luces del Shabat resplandecen en nuestro cónyuge, en nuestros hijos, pero empieza por nosotros.

 

Talmida: Graciela González Cavazos

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