
Pocas veces nos detenemos a meditar, a observar nuestro entorno, a revisar nuestros pensamientos, y nos damos cuenta que muchos son los pensamientos que vienen a nuestra mente y que en parte son influenciados por lo que nuestros ojos y sentidos perciben del exterior. Para, percibir, conocer y entender lo que sucede en el mundo exterior necesitamos Luz.
Sabemos que es la Luz necesaria para la vida, su ausencia implicaría que la Tierra estaría fría y en total oscuridad; en consecuencia toda forma de vida estaría en riesgo existencial; es la Luz la que nos trae revelación, la que nos permite ver. Cuando hay Luz, no tropezamos, la Luz nos proporciona la verdadera confianza (Bitajón) para caminar, avanzar, transitar librando los obstáculos en esa ruta llamada vida.
También conocemos que la Luz se produce y se gesta en una fuente, se refleja por otros elementos; por tal razón entendemos que provine del sol y la luna refleja los rayos del sol; pero existe otra fuente distinta, la Luz espiritual.
De la misma manera que el sol es la fuente, la Luz espiritual proviene de una Fuente Divina que es reflejada por distintos elementos; es así que la Luz que emite la Menorá es la enseñanza, su flama apunta hacia arriba conectándonos con el Creador; otro elemento de Luz espiritual es sin duda la Torá. La Luz de la Torá nos provee de ideas, sabiduría, nos permite re conceptualizar y ver la realidad con una claridad más amplia.
En la Parashá Tetzavé el Eterno habla a Moshé, debes ordenarles a los israelitas que te traigan aceite claro, echo de olivas prensadas a mano, para mantener la lámpara ardiendo constantemente.
Aarón y sus hijos harán los arreglos para que las lámparas ardan desde el atardecer hasta la mañana en presencia de Dios, en la Tienda de Comunión. (Shemot Éxodo 27:20-21)
Que podemos aprender y comprender de esto, que las enseñanzas de la Torá deben de ser completamente absorbidas, recibidas con gozo y alegría que de tal manera enciendan una llama en nuestro que interior al conectar con nuestra Alma divina, que brille y resplandezca.
La Menorá dice el Misdrash, es la fuente de Luz en el Tabernáculo, simboliza la comprensión y el esclarecimiento. Cada alma divina es una iluminación Divina. En este sentido el Alma es llamada metafóricamente “Lámpara de Dios”.
La Luz de la Torá es la fuente de la iluminación del Mundo, al estar expuestos a ella nos ayuda, nos guía hacia un destino seguro con positividad y fe (Emuná). Esforcémonos encendiendo esa luz y mantengamos encendida la necesidad de instruirnos en sus enseñanzas.
¡ENCIENDE TU LUZ!
Talmid: Omar Aguilar Reyna
¡Únete a la revolución de la emuná (fe)!
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